El rey no abdica

Medio siglo después de iniciar su carrera en el fútbol profesional Hugo Sánchez habla sin filtros sobre el orgullo de ser mexicano, la nostalgia de la gloria, el fútbol que se perdió y la disciplina implacable que lo hizo eterno. Un hombre, cincuenta años y una sola obsesión: ser el mejor

Hay hombres que trascienden el deporte. Que convierten cada gol en una declaración de principios, cada voltereta en el aire en un manifiesto de disciplina y ambición. Hugo Sánchez Márquez es uno de esos hombres. Octubre de 1976: un joven de 18 años debuta con los Pumas de la UNAM en el Estadio Olímpico Universitario. Lo que nadie sabe entonces, quizás ni él mismo, es que ese momento es el primer capítulo de la historia futbolística más extraordinaria que México haya producido jamás.

Cincuenta años han pasado desde aquel debut y Hugo Sánchez sigue siendo, en el año de la Copa del Mundo en casa, la referencia indiscutible. Pentapichichi de la Liga española en cinco temporadas consecutivas, máximo artillero de la historia del Real Madrid hasta que Cristiano Ronaldo rompió el récord, balón de plata europeo en 1989, capitán histórico de la selección mexicana y elegido mejor jugador de América Latina del siglo XX por la IFFHS. No es un legado: es una obra maestra.

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Esta es la historia de esos cincuenta años contada por él mismo. Sin protocolo, sin distancia. El Rey en persona.

LA NOSTALGIA DEL REY

La primera pregunta que le hacemos para la Revista Cosas México es la más sencilla y la más difícil al mismo tiempo: ¿qué sientes cuando miras estos cincuenta años? Hay una pausa breve. El mismo instinto que lo hacía esperar el momento exacto para rematar.

“Entra la nostalgia cuando empiezas a echar memoria para atrás y han pasado muchas cosas, pero pasan muy rápido. Se lo he comentado a mis compañeros primero y luego, siendo técnico, les dije: aprovechen, porque esto de jugar al fútbol es lo más maravilloso, pero son tantas las emociones y pasa tan rápido el tiempo y tantos partidos y tantos títulos y de repente uno mira para atrás un poquito y ya se acabó, se acabó la carrera de futbolista.”

La escena es difícil de imaginar para quienes sólo conocemos al Hugo Sánchez del cartel, de la portada, del gol de chilena espectacular ante el Logroñés. Pero hay en sus palabras algo que lo humaniza de golpe: el tiempo corre igual para los reyes. Y la carrera se acaba igual para el más grande.

“Me siento orgulloso y contento de lo que he conseguido. El esfuerzo ha merecido la pena”.

El balance, sin embargo, es de satisfacción plena. Sin arrepentimientos visibles, sin cuentas pendientes que lo desvelen. Cincuenta años de esfuerzo que, como él mismo dice, han merecido la pena.

CÓMO SE FABRICA UN CAMPEÓN

¿Cómo se fabrica un campeón? La respuesta de Hugo Sánchez tiene nombre, apellido y una profecía familiar que marcó todo.

“Tenía muchas ansias de que pudiese conseguir todas las metas que me propuse. Desde niño empecé a forjar esa idea de que quería ser uno de los mejores delanteros del mundo. Mi padre de niño me dijo que este niño que es mi hijo va a ser el mejor futbolista de la historia de México. Entonces todo eso es un compromiso con uno mismo.”

Una profecía paterna convertida en combustible. Pero Hugo no llegó solo al Bernabéu con talento genético: llegó con un mapa mental trazado desde la infancia, estación por estación.

“Yo pensaba ser el mejor de la colonia, ser el mejor de la ciudad, ser el mejor del país, ser el mejor de CONCACAF, ser uno de los mejores del continente americano y ser uno de los mejores del mundo. Entonces si no se va uno y aspira a cosas grandes, pues uno tiene que desplazarse hacia donde está jugando el mejor fútbol del mundo, y para mí era Europa.”

No hubo azar en esa trayectoria. Hubo un plan ejecutado con la misma precisión con la que acomodaba el balón antes de un tiro libre. Europa no fue una oportunidad que llegó: fue un destino que se construyó.

Su hermano Horacio Sánchez compitió en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 como futbolista. Ver cómo la gente pedía autógrafos a su hermano plantó en Hugo la semilla de la grandeza olímpica, y años después, él mismo representaría a México en Montreal 1976.

“Ver que mi hermano iba a competir en los Juegos Olímpicos se me metió en la cabeza: pues yo quiero ir a unos, quiero ser como él. Cosa que me metí en la cabeza la tenía que cumplir sí o sí, era como un objetivo que no soltaba de la mente.”

MÉXICO 2026: ORGULLO Y EXIGENCIA

México 2026 es la tercera Copa del Mundo que el país organiza —o coorganiza—, un récord absoluto en la historia del torneo. Hugo lo celebra, pero no sin matices. La voz del ídolo también puede ser la del crítico más exigente.

“México se ha caracterizado por ser buenos anfitriones, por eso somos campeones del mundo. Tenemos experiencia porque ha habido Juegos Panamericanos, Juegos Olímpicos, Copas del Mundo y somos los únicos que vamos a tener tres, y eso es un privilegio. Como mexicano me siento orgulloso de ello. Más orgulloso me sentiría que ganáramos una Copa del Mundo, pero bueno, todavía no tenemos esa orientación o esa capacitación que necesitamos.”

La Copa del Mundo en casa convoca otra reflexión: la del acceso. Hugo recuerda cuando el fútbol era una fiesta popular y hoy observa con preocupación cómo los grandes eventos se vuelven un privilegio de pocos.

“Lamentablemente no estamos yendo a la velocidad que otros países lo están haciendo y estamos yendo en direcciones contrarias. Las decisiones que se toman nos afectan a todos porque no tenemos ese paralelismo con el país que somos. Para mí México es el mejor país del mundo. Tristemente no lo estamos sabiendo aprovechar.”

Y va más lejos. Usa el fútbol como espejo de algo más grande: “El fútbol está siendo como el reflejo de la sociedad. Falta un poco de calidad, falta talento. Antes, cuando veías jugadores con calidad te quedabas sorprendido y admirando. Ahora veo muchas patadas, muchos empujones, mucho choque físico. Como que no estamos protegiendo al fútbol. Me gustaría que corrigiésemos los mexicanos un tanto la valoración del país que tenemos y le correspondamos, porque siento que hasta ahora no estamos correspondiendo al maravilloso país que tenemos.”

LA ARQUITECTURA MENTAL DE UN CAMPEÓN

Si hay algo que define a Hugo Sánchez más allá de los títulos y los goles, es su arquitectura mental. Y hay dos personas detrás de esa construcción: su padre, que plantó la profecía; y su madre, que cinceló el carácter.

“Mi madre tiene culpa también, porque desde niño empezó a pincharme psicológicamente y siempre decía: tienes que capacitarte, tienes que prepararte para ser el mejor en todo. Tienes que ser el mejor hijo, el mejor hermano, el mejor futbolista, el mejor dentista, el mejor director técnico, el mejor novio, el mejor esposo, el mejor en todo.”

No es hipérbole: Hugo Sánchez es licenciado en odontología por la UNAM. El mismo rigor que aplicó al remate lo aplicó a los estudios. La educación y el deporte, dice, son el vínculo perfecto. Su familia entera lo confirma: todos sus hermanos son deportistas y todos concluyeron una carrera universitaria.

“Con esa mentalidad crecí y así me he formado. No solo en el fútbol, también en mi vida personal, con la familia, en la misma calle”.

EL CONSEJO DEL REY PARA LAS NUEVAS GENERACIONES

Y cuando le preguntamos qué consejo daría a las generaciones de mexicanos que hoy buscan su propio camino al éxito, la respuesta condensa décadas de experiencia en una sola idea:

“Tener confianza en sí mismo, pero capacitándose. Cuando uno ve que en México no estás teniendo la posibilidad de brillar a nivel internacional, pues uno tiene que desplazarse hacia donde está compitiendo el mejor del mundo. Hice todo lo que tenía que hacer para que se me conociera y que así tuviera la oportunidad de mostrar que un mexicano puede estar a la altura de los mejores del mundo.”

Y remata —como siempre lo hizo— con la certeza que solo da medio siglo de haber vivido lo que predica: “Me da mucho gusto cada vez que hay un éxito de algún mexicano. Yo presumo mucho que somos el mejor país: tenemos la mejor comida, las mejores playas, los mejores climas, lo mejor de todo. Tenemos un país maravilloso. Hay muchos mexicanos que no magnifican lo que realmente somos. Somos un gran país y para mí es el mejor país del mundo.”

EL REY NO SE RETIRA, SE REINVENTA

Hay entrevistas que informan y entrevistas que inspiran. Esta es de las segundas. Hugo Sánchez no habla desde el pedestal del ídolo intocable. Habla desde la convicción del hombre que construyó su grandeza ladrillo a ladrillo, gol a gol, disciplina a disciplina. En el año en que México vuelve a ser sede del mundo, tener a su más grande embajador recordándonos que «el país nos exige más» no es una crítica: es el mayor acto de amor que un ícono puede hacer por su tierra.

«El Rey no se retira. Se reinventa.»

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