No vivo dos vidas. Vivo una sola.

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Por Vanessa Lozada

Ser profesional, mujer y mamá al mismo tiempo no es lo mismo que ser cada una de ellas por separado

Mi alarma suena a las 5:30 de la mañana. Mi día empieza con un café y con la logística de siempre: preparar el desayuno y el lunch de mis hijos, asegurarme de que lleguen a tiempo a la escuela y, si la agenda lo permite, ir a entrenar. Para cuando comienza mi primera reunión, ya he tomado decenas de decisiones.

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Después empieza otra parte del día. Mi agenda se llena de reuniones, llamadas, clientes, viajes, presentaciones y objetivos comerciales. Pero en esa misma agenda también aparecen el festival de la escuela, la consulta con el médico, el entrenamiento de fútbol de mi hijo, el cumpleaños de una amiga y hasta los pendientes de mi esposo. Mi agenda no distingue entre lo personal y lo profesional porque mi vida tampoco lo hace.

Durante mucho tiempo pensé que ser mamá, ser profesional y ser mujer eran papeles distintos. Hoy sé que no. Los tres conviven, se mezclan y muchas veces se interrumpen entre sí. No dejo de ser mamá cuando entro a una sala de juntas, ni dejo de ser profesional cuando estoy sentada en un festival escolar. Tampoco dejo de ser mujer entre una cosa y la otra.

Vanessa Lozada

La fórmula que no existe

Muchas veces me preguntan cómo hago para combinar mi carrera con mi familia. Siempre sonrío, porque siento que esperan una respuesta perfecta. Como si existiera una fórmula para lograrlo todo sin renunciar a nada.

La verdad es que esa fórmula no existe.

Hay días en los que todo fluye y otros en los que basta un mensaje de la escuela para que el plan cambie por completo. Sigo sentada frente al cliente, pero mi cabeza ya está imaginando escenarios: qué pasó, si tengo que salir, si mi esposo puede recoger a los niños o si todo puede esperar una hora más.

Del equilibrio a las prioridades

Estoy segura de que muchas madres saben exactamente de qué hablo. Durante años perseguí el famoso equilibrio. Creía que llegaría ese momento en el que el trabajo, la maternidad, el matrimonio, los amigos y mi tiempo personal encajarían perfectamente.

Hoy sé que ese día no existe. Lo que sí existe son las prioridades.

Hay semanas en las que viajo más de lo que quisiera y otras en las que hago todo lo posible por no perderme un festival escolar. Hay días en los que un cliente necesita más de mí y otros en los que la conversación más importante sucede en la mesa de mi casa, cuando les pregunto a mis hijos cómo estuvo su día.

Soltar la culpa

Durante mucho tiempo también viví con culpa. Culpa por estar ocupada, por llegar tarde, por contestar un correo mientras estaba con mis hijos. Y, paradójicamente, culpa cuando hacía exactamente lo contrario: cancelar algo del trabajo porque ellos me necesitaban.

Con el tiempo entendí que la culpa siempre encuentra un lugar si uno decide dárselo. Amar mi profesión no significa querer menos a mis hijos. Y decidir que un día mi prioridad sea mi familia no me hace menos comprometida con mi trabajo. Simplemente significa que soy una mujer viviendo muchos roles al mismo tiempo.

Cuidarme no es un lujo

También aprendí algo que me tomó años entender: cuidarme no es un lujo; es una responsabilidad. Durante mucho tiempo pensé que primero tenía que terminar todo para después hacer ejercicio, salir con una amiga o cenar con mi esposo. La realidad es que ese “después” casi nunca llegaba.

Hoy entrenar tiene un espacio fijo en mi agenda, igual que una reunión con un cliente. No porque sea un privilegio, sino porque sé la diferencia que hace en mi energía, en mi paciencia y en la manera en la que enfrento cada día.

Lo mismo ocurre cuando tomo un café con una amiga, viajo sola unos días o simplemente me doy permiso de hacer una pausa. No estoy dejando de ser mamá. Estoy recordándome que también soy mujer. Y eso, lejos de quitarle algo a mi familia, les da una mejor versión de mí.

Vanessa Lozada

Más allá del “podemos con todo”

Hay una frase que escucho con frecuencia: “Las mujeres podemos con todo”. Yo ya no estoy segura de que ese sea el mensaje que quiero transmitir.

No quiero que mis hijos crean que amar lo que haces significa olvidarte de ti. No quiero que mi hija piense que una buena mamá tiene que vivir agotada para demostrar cuánto ama a su familia.

Quiero que vea a una mujer que trabaja por sus sueños, que disfruta lo que hace, que también se equivoca, que pide ayuda cuando la necesita y que entiende que descansar también forma parte del éxito.

Porque nunca somos una sola cosa.

No dejo de ser mamá cuando cierro un proyecto importante.

No dejo de ser profesional cuando aplaudo en un festival escolar.

No dejo de ser mujer porque tenga la agenda llena.

Sigo siendo la misma Vanessa, solo voy cambiando de rol a lo largo del día.

Por eso dejé de buscar el equilibrio perfecto. Hoy prefiero aspirar a algo mucho más real: estar presente donde decido estar, aceptar que no voy a llegar a todo y dejar de medir mi valor por la cantidad de pendientes que logro terminar.

Porque al final no vivo dos vidas. Vivo una sola. Una vida donde caben mis hijos, mi esposo, mi trabajo, mis amigas, mis viajes, mis entrenamientos, mis sueños y también mis pausas.

Y si algún día mis hijos recuerdan algo de mí, ojalá no sea que su mamá podía con todo. Ojalá recuerden que fue una mujer que vivió con autenticidad, que trabajó por sus sueños sin dejar de abrazarlos y que les enseñó que el verdadero éxito no está en hacerlo todo, sino en tener la valentía de elegir lo que realmente importa.

Vanessa Lozada

Es ingeniera en sistemas, escritora y apasionada del desarrollo personal. Su historia como migrante, esposa y madre la llevó a cuestionarse cómo convivimos con las múltiples identidades que asumimos a lo largo de la vida. De esa búsqueda nace “Mis otros Yo”, un libro íntimo y reflexivo que invita a mirar hacia adentro, reconciliar nuestras distintas versiones y reconectar con la esencia que permanece más allá de los roles que desempeñamos.

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