La mexicana que se vino a México a encontrarse

Tracy Cortez salió de Maryvale, el barrio más bravo de Phoenix, para convertirse en una de las estrellas del peso mosca de UFC. Hoy vive y entrena en la Ciudad de México. Habla del octágono Y el legado que construye

Hay un dato que Tracy Cortez repite antes que cualquier récord, cualquier ranking y cualquier cartelera: de Maryvale no salen muchos. El barrio, al poniente de Phoenix, Arizona, es una de esas geografías mexicanas que existen del otro lado de la frontera, cuadras de casas bajas, taquerías, español de cocina y de patio, y que rara vez aparecen en la conversación del deporte de élite.

“Yo también me amo de dónde vengo, del barrio donde soy, de Maryvale, de Phoenix, Arizona. No hay muchos que vienen de ahí; quiero decir que tal vez tres o cuatro, pero no se escuchan muchos nombres saliendo de ahí”, dice. “Entonces, más siendo la primera mujer, haciendo ruido y tratando de romper y hacer algo que no se ha hecho.”

Foto: Cortesía Tracy Cortez IG@cortezmma

Cortez nació en Phoenix en diciembre de 1993, hija de padres mexicanos que emigraron y se establecieron ahí. Creció con tres hermanos mayores en una casa donde la disciplina no era un concepto de gimnasio sino una condición doméstica. Cuando se le pregunta cómo negocia esa doble pertenencia —raíces mexicanas, vida estadounidense—, la respuesta llega sin titubeo y con la palabra exacta:

Advertisement

“Pienso yo que me represento muy chicana. Lo que me han dicho era: ni de aquí ni de allá. Pero yo, muy orgullosa de mis raíces.”

Foto: Cortesía Tracy Cortez IG@cortezmma

En 2026, esa frase dejó de ser identidad para volverse domicilio. Tras la retirada de su entrenador de toda la vida, Santino DeFranco, y su salida del gimnasio Fight Ready de Scottsdale, Cortez se mudó a la Ciudad de México y adoptó el UFC Performance Institute de la capital como base de operaciones. No fue una decisión logística. Fue, en sus palabras a la prensa especializada, la mejor decisión de su vida: quería dejar de decir que es mexicana y empezar a vivirlo. La altitud, dice, le funcionó como un atajo. El resto, la comida, la calle, la gente que la reconoce en el súper,  le funcionó como espejo.

Una carrera construida sobre ausencias

Antes del octágono hubo dos duelos. Su hermano mayor José, quien la introdujo a las artes marciales mixtas cuando ella tenía 14 años y soñaba con llegar a UFC, murió de cáncer en 2011. Su madre murió de cáncer cinco años después. Cortez lleva el retrato de su madre tatuado en el antebrazo y ha dicho en más de una ocasión que pelea para levantar la mano y dedicarles la victoria.

El expediente deportivo es breve de contar y difícil de construir: invicta como amateur (6-0), profesional desde 2017, entrada a UFC vía Dana White’s Contender Series en 2019 y un arranque perfecto de cinco victorias consecutivas en la compañía. Su récord actual es de 12 victorias y 3 derrotas, y sus tres tropiezos llegaron todos contra la élite absoluta de las 125 libras: Rose Namajunas, Erin Blanchfield y, el 11 de julio pasado, la china Wang Cong.

Foto: Cortesía Tracy Cortez IG@cortezmma

Esta entrevista se realizó en la antesala de esa pelea, la de UFC 329, cuando Cortez llegaba ranqueada en el octavo puesto del peso mosca femenino. Le preguntamos si ese número era un punto de llegada o el arranque de algo mayor.

“Para mí estoy comenzando, la verdad. Estoy comenzando ya ganando esta pelea; primeramente Dios, quebrar el top five, y de ahí seguirle”, respondió. “Yo tengo mis planes en cómo quiero que mi carrera vaya, entonces ya nomás es tomando paso a paso.”

La noche del 11 de julio no salió como la planeó: Wang Cong se llevó la decisión unánime en el T-Mobile Arena. El plan, sin embargo, sigue en pie. Cortez ha sido explícita al respecto: no se va a ningún lado.

Foto: Cortesía Tracy Cortez IG@cortezmma

Las Vegas, la segunda casa

El T-Mobile Arena es uno de los recintos más icónicos del deporte y del espectáculo mundial, un escenario que para muchos atletas funciona como prueba de nervios. Para Cortez es lo contrario. Ha peleado ahí más que en ningún otro lugar y llegaba a UFC 329 con marca perfecta en ese ring.

“Para mí Las Vegas es como una casa, es mi segunda casa”, explica. “No me dan nervios; más que nada estoy muy emocionada, porque cada vez que peleo ahí sale tanta raza, sale toda mi familia,mi familia en Phoenix, mis amigos, y todos me van a apoyar.”

La distancia entre Phoenix y Las Vegas es de cinco horas por carretera. Esa es, en buena medida, la razón por la cual el desierto de Nevada se convirtió en territorio propio: es a donde puede llegar el barrio.

Foto: Cortesía Tracy Cortez IG@cortezmma

Ser mujer, sin explicaciones

Las artes marciales mixtas siguen siendo un universo predominantemente masculino, y a las peleadoras se les suele exigir que resuelvan públicamente una contradicción falsa: la de proyectar feminidad, estilo e imagen mientras ejercen una disciplina de contacto extremo. Le preguntamos si siente que ellas tienen que demostrar el doble para ser tomadas en serio. Rechazó la premisa con elegancia.

“Yo no puedo hablar por nadie más, solo estoy hablando por mí misma. Yo me represento de la manera que soy, yo vengo tal como soy”, responde. “Y al fin del día no nomás soy atleta profesional: soy mujer. Entonces vengo tal como una mujer.”

La única heroína

Se le pregunta por los referentes: alguna peleadora, alguna atleta, alguna figura pública que le haya definido la idea de mujer poderosa. La respuesta desarma la pregunta.

“Yo no admiro a nadie. La única mujer que puedo decir que deseo ser un día era mi mamá. Tal como se cargaba ella: una mujer honrada y respetada. Yo quiero ser así, tal como ella. Afuera y adentro de la sala, yo soy Tracy Cortez; yo no pretendo ser alguien más.”

Fuera de la competencia, la vida de Cortez es deliberadamente pequeña y deliberadamente suya. “Hay mucho que la gente no sabe de mí, pero algo que aprecio y valoro mucho es mi tiempo. Me gusta estar mucho con mi familia, estar en casa, pasármela tranquila.” En una industria construida sobre la sobreexposición, el lujo que elige es el silencio.

Foto: Cortesía Tracy Cortez IG@cortezmma

El mensaje y el legado

México y América Latina atraviesan una generación extraordinaria de atletas femeninas, y Cortez lo sabe. Su mensaje a las jóvenes que sueñan con competir internacionalmente en disciplinas históricamente masculinas, sin embargo, se niega a segmentarse.

“Yo pienso que no nomás para las mujeres latinas, sino para todos”, dice. “Que sigan soñando y que sigan adelante. La vida no va a ser fácil, la vida no es fácil, pero si uno no se rinde, uno puede llegar a donde quiere: trabajando duro, no rindiéndose, echándole ganas, disciplinándose. Todo se puede.”

Queda la pregunta grande, la del final: qué quiere que la gente recuerde cuando cuelgue los guantes. La peleadora, la mujer, la historia. Cortez no elige.

“Todo. Todo. La manera en que estoy con la gente, la manera en que me he cargado tal como mujer, la manera en que estoy no nomás adentro de la sala, sino afuera de la sala.”

Es, si se piensa, la definición más exacta que existe de lo que hoy significa representar a alguien: no ganar por ellos, sino comportarse como ellos merecerían. Maryvale ya tiene su primer nombre de mujer. Y ahora también lo tiene la Ciudad de México.

Keep Up to Date with the Most Important News

By pressing the Subscribe button, you confirm that you have read and are agreeing to our Privacy Policy and Terms of Use
Advertisement