El Lunario enciende la noche

Con Eclipse y Umbral, el foro alterno del Auditorio Nacional reescribe el ritual del concierto. Detrás de la sala inmersiva está Fernanda Múzquiz, la artista mexicana que convirtió un vestíbulo olvidado en un lienzo de 360 grados

Había, hasta hace poco, un espacio que la Ciudad de México prefería no mirar: el vestíbulo del Lunario del Auditorio Nacional. Paredes blancas, mobiliario cansado, una atmósfera más cercana a la de una bodega que a la de la antesala de un concierto. Quien lo recuerde entenderá la magnitud de lo que ocurre hoy en ese mismo punto de Paseo de la Reforma. El recinto que ha reunido cerca de cinco mil espectáculos y más de 1.7 millones de asistentes desde su apertura decidió reinventar la manera en que se vive la noche capitalina, y lo hizo apostando por dos gestos simultáneos: la sofisticación y la inmersión.

El resultado son Eclipse y Umbral, un bar y una sala inmersiva que amplían y diversifican la oferta del foro, ambos disponibles en renta para eventos públicos o privados. Más que una remodelación, se trata de una declaración de intenciones: colocar al Lunario en la conversación internacional de los recintos multifuncionales, esos que fusionan música, diseño y tecnología para vender algo más valioso que una entrada: una experiencia.

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Eclipse: el ritual antes y después del show

El primer acto sucede al entrar. El vestíbulo se transforma en Eclipse, un bar con capacidad para 167 personas concebido como la antesala perfecta de un concierto, o como el punto de encuentro para prolongar la conversación y la celebración cuando el show termina. El proyecto arquitectónico corrió a cargo de Juan Pablo Serrano Orozco, quien retomó el concepto original del Lunario, la Luna como símbolo de inspiración artística, y lo hizo dialogar con un nuevo protagonista: el Sol.

De esa convergencia nace el nombre. Dos barras temáticas ordenan el espacio: Sol, luminosa y vibrante; Luna, minimalista y refinada. Al fundirse ambos astros, el eclipse. El latón, el acero, el mármol y el granito construyen una atmósfera cálida y contemporánea, mientras un DJ Booth de cristal templado negro corona la parte central, listo para sesiones profesionales. Dos pantallas de gran formato y un sistema de audio de alta fidelidad completan un espacio pensado tanto para conciertos íntimos como para encuentros sociales de primer mundo.

Umbral: el lienzo de 360 grados

Escaleras abajo, tras una trabe de metal cubierta de cristal que funciona como umbral, de ahí el nombre, aparece el corazón conceptual del proyecto. Umbral es una sala inmersiva con capacidad para 250 personas, concebida por los diseñadores Fernanda Múzquiz y Edgar Bolaños como un entorno multisensorial donde la tecnología no adorna: transforma. Proyección y audio de última generación en 360 grados, videomapping interactivo, contenido digital e iluminación ambiental permiten reconfigurar por completo el espacio según cada evento.

La versatilidad es su tesis. Umbral puede sumergir a sus visitantes en un mundo submarino, envolverlos en una experiencia temática o servir de escenario para sesiones de escucha, showcases, live sessions, eventos VIP, after partys, pre-shows, presentaciones escénicas e incluso filmaciones. Arte, educación, entretenimiento y mundo corporativo caben en el mismo lienzo. “¿Por qué casarnos con una sola idea si podemos proyectar y hacer lo que sea aquí?”, resume Fernanda la lógica que guió el diseño.

“No queremos solo hacer un evento o una reunión. Queremos que vivas una experiencia y que puedas compartirla. La tecnología está padrísima, pero nunca va a reemplazar ese contacto humano”, señala  Fernanda Múzquiz, diseñadora de Umbral.

Fernanda Múzquiz, la sensibilidad detrás del proyecto

Hablar de Umbral es hablar de Fernanda Múzquiz. Artista plástica y digital mexicana, se ha movido con la misma soltura entre la acuarela, los pasteles, el óleo y el lápiz que entre el bordado, la cerámica, la joyería y la ilustración digital. Esa amplitud no es dispersión, sino método: una curiosidad constante por aprender que la lleva a dejar que sean los propios materiales los que le muestren el camino de la creación.

Su lenguaje se nutre de la naturaleza y la contemplación. De ahí surgen las figuras delicadas y las combinaciones de color que imprimen a sus piezas una sensación de movimiento y textura, esa cualidad casi táctil que ahora se traduce a escala arquitectónica en las paredes de Umbral. Actualmente, además, funge como artista interna y curadora de las piezas de la Tienda del recinto, donde selecciona con cuidado cada producto y trabaja el detalle codo a codo con artistas y productores. Es, en más de un sentido, la sensibilidad que hilvana el proyecto.

Una ambición a la altura de The Sphere

La ambición del nuevo Lunario se entiende mejor con una referencia que la propia Fernanda evoca: The Sphere de Las Vegas, esa monstruosidad de innovación que dedica divisiones enteras y presupuestos multimillonarios a generar contenido a la medida de su tecnología. Salvando las proporciones, el Lunario se planta ante el mismo reto y lo convierte en oportunidad: cuenta con el espacio, con el equipo de mapeo y con la libertad creativa para que un cliente diseñe la experiencia que imagine, desde una cata de mezcal hasta una exposición de video o un happening de flamenco inmersivo.

Tres foros, una sola noche

La logística acompaña la fantasía. Los tres espacios —Lunario, Eclipse y Umbral— pueden rentarse por separado o combinarse en un mismo evento: un banquete y showcase en el Lunario, un cóctel de bienvenida en Eclipse y un after party en Umbral. Así ocurrió ya en su bautizo, cuando una productora internacional cerró la final de un reality de una “boy band latinoamericana” ocupando los tres foros en una sola noche.

Umbral opera de manera prácticamente aislada, lo que permite dos eventos simultáneos sin interferencia; una versatilidad que, sumada a su ubicación junto a Reforma y a la infraestructura hotelera vecina, lo vuelve un imán para convenciones, fiestas corporativas y celebraciones privadas.

Diseñado originalmente por el arquitecto Alejandro Luna, el Lunario acumula una historia que no pretende borrar, sino continuar. Con Eclipse y Umbral, ese legado entra al siglo XXI convencido de una idea que Fernanda repite como brújula: la tecnología amplía las posibilidades, pero el objetivo sigue siendo profundamente humano. Crear experiencias memorables, emocionalmente conectivas, donde —como se dijo la noche de la presentación— la imaginación es el único límite.

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