Armando Espitia: el año en que el camaleón salió a cosechar

Cuatro estrenos en cuatro plataformas, tres de ellos convertidos en número uno. El actor que conquistó Cannes con Heli, que nos hizo reír como Qwerty en La Oficina y que hoy persigue culpables en Colisión vive el año más visible de su carrera. Su secreto, dice, no es la ambición: es la diversión

Hay actores a los que el público reconoce por su cara y actores a los que reconoce por sus personajes. Armando Espitia pertenece, sin discusión, a la segunda estirpe. En 2026 media audiencia mexicana lo ha visto en pantalla, aunque buena parte no se haya dado cuenta de que era el mismo hombre: el joven secuaz de El Mochaorejas en ViX, el enigmático encargado de sistemas de Jabones Olimpo en La Oficina de Prime Video, el esposo desconcertado de Un hijo propio en Netflix y el detective que no suelta el caso en Colisión, de HBO Max. Cuatro plataformas, cuatro géneros, cuatro rostros distintos. Un solo actor.

Nacido en la Ciudad de México en 1991 y egresado de la Escuela Nacional de Arte Teatral, Espitia debutó a lo grande: en 2013 protagonizó Heli, de Amat Escalante, la cinta que compitió en el Festival de Cannes y le valió al director el premio a Mejor Dirección. A partir de ahí construyó una de las filmografías más sólidas del cine de autor mexicano reciente, con títulos como Nuestras madres, de César Díaz, ganadora de la Cámara de Oro en Cannes 2019, y Te llevo conmigo, de Heidi Ewing, además de dos nominaciones al Ariel. Durante más de una década fue el nombre que los festivales conocían bien y que el gran público apenas empezaba a descubrir.

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Eso cambió este año. La Oficina, la adaptación mexicana de The Office dirigida por Gaz Alazraki y con Marcos Bucay como showrunner, se estrenó el 13 de marzo y se convirtió en el lanzamiento original mexicano más exitoso en la historia de Prime Video, lo que le aseguró una segunda temporada en cuestión de semanas. En agosto llegó Un hijo propio, el documental híbrido de la chilena Maite Alberdi —con estreno mundial en la Berlinale— que en pocos días escaló al primer lugar de lo más visto en Netflix México. Y el 7 de septiembre, Colisión abrió un capítulo inédito como la primera telenovela mexicana original de HBO Max, producida por Telemundo Studios a partir de dos novelas de Corín Tellado.

Con apenas una semana del estreno de la telenovela y a punto de viajar al Festival Internacional de Cine de Morelia, Armando Espitia conversó con Revista Cosas México sobre este momento de plenitud, el arte de transformarse, las lecciones que dejan los microdramas y la paciencia de un público que, contra todo pronóstico, sabe esperar.

Tiempo de cosecha

Cuando se le sugiere que su carrera todavía es joven, Espitia sonríe y corrige con amabilidad. Lleva doce años haciendo cine y series de manera profesional, y el camino se ha sentido largo. «Pero hay momentos, como este año, en los que toca cosechar», dice. «Llevamos cuatro estrenos en el año, tres de los cuales se volvieron número uno en su plataforma, cada uno en una plataforma distinta».

Lejos de dejarse deslumbrar, el actor insiste en mirar el panorama completo. A esos cuatro títulos se suman películas independientes, cortometrajes y otros proyectos, pero todos son el reflejo de algo menos visible: «dos años y un poquito más de trabajo en donde no se estrenó nada». Para él, la clave está en no olvidar esa ecuación. «Hay momentos en los que te toca cosechar y otros donde te toca trabajarle. Además de celebrar, me recuerdo siempre que es parte de la carrera, y disfruto este momento».

«Hay momentos en los que te toca cosechar y otros en los que te toca trabajarle. Este año toca disfrutar la cosecha»

El juego del melodrama

Colisión llegó a HBO Max dos años después de haberse filmado, y para Espitia significó entrar a un territorio que conocía como espectador, pero no como intérprete. «Fue muy divertido pensar en el género y cómo me iba a adaptar a él, porque no es el estilo de actuación en el que empecé ni en el que más me desarrollo», confiesa.

Como tantos mexicanos de su generación, creció frente a las telenovelas. «Cuando trato de recordar cómo decidí ser actor de chico, el acercamiento más claro que teníamos eran las telenovelas. Mi generación se educó con el melodrama», reconoce. Lo que no conocía era el oficio detrás del género: sostener la tensión y el misterio, dejar cada capítulo en suspenso para engancharse con el siguiente, prolongar las reacciones frente a cámara sin caer en la exageración. «Es como si se creara un universo aparte donde las emociones son lo primero. Yo estoy más acostumbrado a películas realistas donde prima la lógica. Todos esos pequeños trucos no los sabía; los aprendí haciendo esta telenovela y me divertí muchísimo».

En la historia interpreta a Camacho, el investigador que, junto a Marina —personaje de Belén Aguilar, su jefa en la ficción—, empieza a sospechar que la muerte del mecánico vinculado al helicóptero de la familia Robles no fue un suicidio. «Me divertía jugando con armas, con coches, con persecuciones, con investigar todo el tiempo. Es literalmente un juego».

Un melodrama para una nueva generación

Más allá del reto actoral, a Espitia le entusiasma el giro que la producción le dio al formato clásico. Colisión gira en torno a Belén y Zoé, madre e hija interpretadas por Margarita Rosa de Francisco y Macarena Achaga, enfrentadas por el control del emporio familiar. «Me parecía que eran tres mujeres las que movían el poder en esta serie», explica, sumando al personaje de Belén Aguilar. «Sí es un melodrama, un formato que todos conocemos, pero se le intentó dar un refresh de la época en la que estamos viviendo, y los hombres ahí somos herramientas para que las mujeres ejerzan su poder. Eso me encantó de la historia».

La telenovela tiene 40 capítulos que HBO Max libera semana a semana, una apuesta que el actor observa con curiosidad mientras en redes el público pide a gritos que suelten todos los episodios de una vez. «Es una prueba de HBO, una manera nueva de darle el contenido a la gente. No puede ser exactamente igual que antes, cuando nos sentábamos alrededor de la televisión porque el capítulo solo pasaba una vez. Las plataformas están investigando cómo darle al público lo que quiere de la manera en la que hoy lo puede consumir».

«Mi generación se educó con el melodrama. Lo que no conocía era la manera de hacerlo»

La diversión como motor

El abanico de personajes de este año no responde a una estrategia calculada, asegura. «Nunca pensé qué tipo de actor quiero ser o qué tipo de actor soy», dice. Por suerte —recuerda— empezó en el cine de autor y pasó muchos años en el circuito de festivales, lo que llevó a muchos a encasillarlo. Intentó la comedia varias veces, sin demasiado éxito, hasta que La Oficina le dio la visibilidad para demostrar que también domina un tono mucho más relajado. «Al final, el motor que me lleva a hacer esto es la diversión. Me encanta mi trabajo y me encanta que sea divertido».

Esa misma inquietud lo mantiene en movimiento fuera del set. Da clases de actuación a una comunidad de estudiantes en Iztapalapa, trabaja como coach de actores para una plataforma, produce cortometrajes, estudia guion y escribe sus propias historias.

«Estoy constantemente buscando cómo ampliar la gama de cosas que hago, para no aburrirme, para no estancarme, y también para saber hasta dónde se estira la liga», explica. Su meta más personal es tener «la gentileza conmigo» de terminar esos procesos: que los guiones no se queden en ideas al aire y, quizá en un futuro, producirlos.

Lo que enseñan los microdramas

La conversación desemboca en uno de los fenómenos más comentados de la industria: los microdramas, esas series de episodios de uno o dos minutos, muchas veces producidas en China o la India y dobladas al español, que acumulan millones de reproducciones en el celular.

Lejos de despreciarlos, Espitia los estudia desde dentro. Actualmente asesora a actores e influencers que trabajan en microseries para una plataforma. «Muchos dirían que es una traición para nuestro gremio, pero yo pienso que hay que aprender de lo que está sucediendo en otros mercados», sostiene.

Su lectura es la de un creador que piensa en el público. «Nuestra capacidad de retención está adaptada a cómo consumimos la información hoy: reels de 30 o de 15 segundos. Es natural que nuestra psique se acostumbre a esos picos de excitación tan inmediatos».

En ese formato, observa, el primer capítulo debe resumir toda la serie y dejar clarísimo quién es quién; no hay tiempo para construir atmósferas. «Para mí es un mapa de cómo es el consumidor actual. Los creadores deberíamos analizar cómo contarle a la gente acostumbrada a quince segundos de reel una película que sí queremos hacer en una hora. No tengo las respuestas, pero creo que ese es el ejercicio que deberíamos estar haciendo todos».

En ese ejercicio, México tiene una ventaja histórica. «La ficción mexicana se ha contado siempre en toda la región, en Latinoamérica y quizá también en España. No solo son referentes audiovisuales, son de la cultura: han llevado palabras locales de México a otros países», reflexiona. «Hay una capacidad cultural muy grande para seguirla explotando en nuestro cine».

«Los creadores deberíamos preguntarnos cómo contarle una película de una hora a quien está acostumbrado a quince segundos de reel»

Jabones Olimpo, segunda ronda

Si hay un personaje que convirtió a Armando Espitia en fenómeno popular este año es Qwerty, el misterioso encargado de sistemas de Jabones Olimpo que apenas domina Word y Excel. La segunda temporada de La Oficina ya terminó de grabarse y llegará en 2027, aunque todavía sin fecha. «Llevo unos días desde que terminamos y ya los extraño», admite. «El material de la segunda temporada es un poquito más profundo que el de la primera, pero infinitamente más divertido y más enloquecido».

Saber que el público aprobó el humor y los personajes, dice, fue liberador. Aunque el peso de superar la primera entrega recayó sobre todo en guionistas y directores, el equipo creativo encabezado por Marcos Bucay y Gaz Alazraki les dio una indicación que Espitia considera grandiosa: no enviciarse con lo que ya se sabe que funciona.

Hubo un mes de ensayos y clases de improvisación para evitar repetir chistes, gestos o maneras de actuar. «Siempre regresar al personaje real y no convertirnos en un comediante con un personaje ya hecho, sino en una persona real sentada en una oficina. Lo divertido de La Oficina es que la gente se ve reflejada».

Esa respuesta del público es, para él, la verdadera recompensa. Los fans han descubierto cada detalle escondido en los escritorios y las pantallas, han visto la serie una y otra vez y lo comentan sin parar en redes. «Hablamos mucho de arte y de cultura, pero en realidad lo que buscamos es comunicarnos con la gente. Cuando le dices algo al público y el público te responde, es hermoso».

Espitia añade una idea que, advierte, es solo suya: en una época obsesionada con la inmediatez, una serie coral pensada para varias temporadas permite cocinar a los personajes a fuego lento. «La gente espera un año para ver la nueva temporada, con ansiedad, pero la va a ver. Me gusta pensar que también estamos influyendo en la paciencia del espectador».

Odiar a Arturo, amar a Qwerty

El mejor termómetro de su versatilidad llegó por redes sociales. Tras el estreno de La Oficina, sus cuentas se llenaron de fanáticos de Qwerty. Meses después, con Un hijo propio en Netflix, llegó la avalancha contraria: durante semanas, el público insultó a Arturo, el esposo de Alejandra en la historia real que retrata Maite Alberdi, sin dejar de declararle su amor al entrañable ingeniero de sistemas. «Había mucha gente que no se daba cuenta de que era el mismo actor. Me escribían: “Vi la película y no me enteré de que eras Qwerty”», cuenta divertido. Y otros lo descubrieron en El Mochaorejas: «Me decían que ahí les daba miedo».

Lejos de incomodarle, esa confusión es el mayor elogio que puede recibir. «Que mi trabajo se identifique por el universo donde está insertado y no por mi cara en todos lados, a pesar de que ahora estoy en todos lados. Que no veas al actor siendo el actor, sino al personaje», explica. Es, reconoce, la gran reflexión que le deja este año: «Quiero seguir camuflajeándome en las historias que cuento, y que no se hable tanto de Armando Espitia como de Arturo, de Qwerty, de Camacho o del Niño».

«Quiero seguir camuflajeándome en las historias que cuento, y que se hable menos de Armando Espitia y más de sus personajes»

Lo que viene

Los estrenos en plataformas de 2026 ya concluyeron, pero la agenda está lejos de vaciarse. Espitia viaja al Festival Internacional de Cine de Morelia, que se celebra del 16 al 25 de octubre, con dos cortometrajes seleccionados; uno de ellos es 72, que él mismo produjo junto a su amigo, el director Rafael Martínez-García, y que compite en la Sección Michoacana tras su paso por el festival Shorts México en la Cineteca Nacional. El otro lo protagoniza junto a Mercedes Hernández. Además, sigue su recorrido por festivales Teléfono público, una película independiente que podría estrenarse el próximo año.

Para 2027 se perfilan la segunda temporada de La Oficina y una película de animación en la que presta su voz. Mientras tanto, entre clases, guiones y castings, Armando Espitia sigue haciendo lo que mejor sabe: desaparecer dentro de sus personajes para que el público, al final, sienta que se encontró con alguien real.

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