Por Liz Memún*
Cada vez más personas viven con molestias digestivas sin saber que podrían padecer Síndrome del Intestino Irritable (SII), un trastorno funcional que puede afectar de forma importante la calidad de vida.
Un trastorno difícil de diagnosticar
A diferencia de otras enfermedades gastrointestinales, el SII no siempre se detecta en estudios convencionales, por lo que su diagnóstico se basa principalmente en la historia clínica del paciente y en criterios médicos específicos.
Señales que no deben normalizarse
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran el dolor abdominal recurrente, inflamación, distensión, gases, alteraciones en el tránsito intestinal, intolerancias alimentarias y afectaciones en el estado de ánimo, como ansiedad, estrés o problemas de sueño.
Muchas personas normalizan estas molestias con frases como “siempre me inflamo” o “todo me cae mal”, lo que retrasa el diagnóstico y el tratamiento oportuno.
Un padecimiento frecuente en México
Según datos de la Secretaría de Salud, en México, el Síndrome del Intestino Irritable tiene una prevalencia estimada de entre 16 y 30%, y afecta principalmente a mujeres menores de 45 años. Además de ser una de las principales causas de ausentismo laboral, el SII se relaciona con factores como el consumo elevado de alimentos ultraprocesados, el sedentarismo, el estrés constante y la falta de descanso.
La microbiota y el eje intestino-cerebro
Uno de los aspectos más importantes para comprender este padecimiento es la microbiota intestinal, es decir, el conjunto de bacterias que habitan en el intestino y que participan activamente en la salud digestiva y emocional.
La microbiota mantiene una comunicación constante con el cerebro a través del llamado “eje intestino-cerebro”, lo que explica por qué el estrés, la ansiedad y la mala calidad del sueño pueden desencadenar o intensificar los síntomas digestivos.

Un tratamiento integral y personalizado
El tratamiento para el SII debe ser integral y personalizado, y requiere acudir con un especialista. Más que enfocarse únicamente en controlar los síntomas, el objetivo debe ser identificar los factores que los desencadenan y realizar cambios sostenibles en la alimentación, el estilo de vida y el manejo del estrés, además de favorecer el equilibrio de la microbiota intestinal.
Recomendaciones para mejorar la salud digestiva
- Priorizar alimentos naturales y reducir el consumo de ultraprocesados.
- Identificar y evitar los alimentos que detonen molestias digestivas.
- Incorporar probióticos y alimentos fermentados, como el kéfir, para favorecer el equilibrio de la microbiota.
- Consumir fibra soluble, presente en alimentos como la chía o la linaza, para ayudar a regular el tránsito intestinal.
- Realizar actividad física de manera regular.
- Practicar técnicas de manejo del estrés, como meditación, respiración consciente o pausas activas.
- Mantener una buena higiene del sueño.
- Evitar el exceso de pantallas antes de dormir.
- Buscar atención profesional para recibir un tratamiento personalizado.

Cambios graduales, resultados duraderos
Es importante destacar que estos cambios deben realizarse de manera gradual para que puedan mantenerse a largo plazo como parte de un estilo de vida saludable. Vivir con inflamación o malestar digestivo constante no es normal; escuchar las señales del cuerpo y actuar a tiempo puede mejorar significativamente la calidad de vida.
*Liz Memún es especialista en nutrición y medicina funcional, y vocera de Lifeway