“Amo a mis hijas, pero arruinaron mi carrera”: el motivo por el que Lily Allen se alejó de la música.
La artista ha reconocido lo difícil que fue para ella compaginar el cuidado de sus hijas con sus primeros años de éxito.
La intérprete británica, que saltó a la fama gracias a sencillos como “Smile”, publicó su primer disco en 2006, seguido de otros tres álbumes, además de participar en programas de televisión y papeles en el teatro.
Tuvo que lidiar con diversas adicciones (afortunadamente ahora superadas) y con la dificultad de compaginar la maternidad con una incipiente carrera artística.
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En una sincera entrevista, Lily Allen, pone de nuevo el foco en las dificultades a las que se enfrentan las profesionales con una carrera exigente que además forman una familia
“Algunas personas eligen su carrera por encima de sus hijos y esa es su prerrogativa, pero mis padres estaban bastante ausentes cuando yo era niña. Siento que dejó algunas cicatrices desagradables que no estoy dispuesta a repetir en la mía”
Comentó en el podcast Radio Times recordando cómo fue su infancia con sus padres (su padre era el actor y comediante Keith Allen y su madre la productora de cine Alison Owen).
Aunque atravesó una etapa oscura y controvertida debido a sus problemas con diversas sustancias, la llegada de sus dos hijas la hizo cambiar radicalmente. Allen es madre de Ethel Mary, de 12 años, y Marnie Rose, de 10, nacidas de su primer matrimonio con el constructor Sam Cooper.
“Tener hijos desencadenó responsabilidades”.
Reconoce.
Y fue entonces cuando tuvo que elegir, comenta, entre el éxito y la maternidad
“No puedes tenerlo todo”. “Mis hijas arruinaron mi carrera. Las amo y me completan, pero en términos de estrellato pop, lo arruinaron por completo. Me molesta mucho cuando la gente dice que puedes tenerlo todo porque, francamente, no puedes”.
Explicó.
Dar “un paso atrás” es una decisión de la que no se arrepiente, pues comenta que así sus hijas no tuvieron las mismas carencias que ella tuvo en su infancia. Actualmente, Lily está casada con el actor David Harbour, con quien se unió en 2020 en Las Vegas.
Aunque habló sobre todo de lo que ha supuesto para ella ser madre, también se refirió a sus adicciones y a cómo es su nueva vida alejada de lo que le hace daño.
“Una gran parte de la sobriedad es rendirse y dejar que Dios, de la manera que quieras creer en esto, tenga un plan para ti”.
señala.
Esta nueva vida incluye explorar una nueva faceta en la interpretación.
“Recibí una llamada de un director de casting que estaba montando una obra de teatro (‘2:22 A Ghost Story’). Le dije que no era actriz”.
Cuenta, añadiendo que después de hablar con su marido se dio cuenta de que necesitaba un cambio en su vida. Él la animó a llamar de nuevo al director.
Su aparición en este proyecto le valió una nominación al premio Olivier como mejor actriz en 2022. Esta nueva etapa como actriz la ha llevado a otro éxito, “The Pillowman”, de Martin McDonagh, por la que también recibió buenas críticas. Su último lanzamiento musical fue en 2018, cuando estrenó el disco “No Shame”.