Una ruptura sentimental, la decisión de quedarse en México y un casting que parecía haber terminado sin respuesta colocaron a Carla Suescun frente a uno de los retos más importantes de su carrera. La actriz encontró en Susan, su personaje en la décima temporada de El Señor de los Cielos, algo más que una nueva oportunidad profesional: encontró una forma de sanar, reconstruirse y comprobar que tres capítulos pueden cambiar el rumbo de una historia.
“Para mí este personaje fue una sanación de muchas cosas”, cuenta Suescun en entrevista. La actriz reconoce que su llegada al proyecto ocurrió en un momento en el que estaba replanteándose aspectos importantes de su vida personal y profesional.
México, la decisión que cambió el camino de Carla Suescun
Durante 2025, Carla dividió parte de su tiempo entre México y Dallas. Una relación sentimental la llevó incluso a considerar la posibilidad de establecerse fuera del país, pero finalmente decidió continuar construyendo su futuro profesional en México.
“Amo este país, amo México y aquí está mi futuro”, recuerda.
Poco después atravesó el final de aquella relación. La experiencia, lejos de detenerla, terminó convirtiéndose en un impulso para volver a concentrarse en aquello que había elegido como profesión: actuar.
“Me rompieron el corazón y eso fue motivo para mí para poder seguir luchando por mis sueños y seguir trabajando en lo que Dios me dio, que es ser actriz”, relata.
El trabajo apareció de una manera inesperada.
Suescun inicialmente realizó un casting para interpretar a Claire. Envió dos versiones de su prueba y pasaron las semanas sin noticias. Para una actriz acostumbrada a los procesos de selección, el silencio significaba una sola cosa: seguir adelante.
Pero la historia no había terminado.
Tres capítulos que terminaron convirtiéndose en 25
Tiempo después recibió una nueva llamada de casting. Esta vez la propuesta era distinta: interpretar a Susan, una mujer texana vinculada inicialmente como asistente de Claire.
La participación contemplaba apenas tres episodios.
Carla aceptó.
“Uno nunca sabe, háganlo, porque tres capítulos se convirtieron en 25 y el personaje fue creciendo”, señala.
Susan terminó acompañándola durante buena parte de la temporada y comenzó una evolución que también obligó a la actriz a explorar registros diferentes.
La experiencia reforzó una convicción que Suescun intenta transmitir a quienes buscan abrirse espacio dentro de la actuación: ningún trabajo debe considerarse insignificante únicamente por su tamaño inicial.
“Nunca sabes quién te está viendo y cómo puedes llegar a funcionar”, afirma.
Susan: de espectadora a pieza de un mundo peligroso
El personaje comienza desde un lugar aparentemente sencillo. Susan es una mujer extranjera que observa con curiosidad un universo que desconoce, pero conforme avanza la historia su posición cambia.
“Ella llega desde un lugar muy inocente, observando un mundo completamente nuevo para ella, y poco a poco empieza a descubrir no solamente cómo funciona ese mundo, sino también quién puede ser ella dentro de él”, explica.
Para Suescun, uno de los principales desafíos fue evitar que esa transformación ocurriera de manera abrupta.
Susan aprende, se equivoca, siente miedo, observa y gradualmente toma decisiones que modifican su lugar dentro de la trama.
“No deja de ser sensible para convertirse en una mujer fuerte; al contrario, su sensibilidad también forma parte de esa fortaleza”.
¿Cómo construir un personaje dentro del universo del narcotráfico?
Interpretar una historia vinculada con el narcotráfico implicaba otro reto: separar las opiniones personales de las decisiones del personaje.
La regla que adoptó Carla fue sencilla: no juzgar.
“Como actriz necesito entender por qué hace lo que hace, incluso cuando yo personalmente tomaría otras decisiones”, sostiene.
La preparación también estuvo acompañada por el trabajo con directores, compañeros de reparto, una coach actoral y el apoyo de su psicólogo.
Este último le propuso una manera diferente de aproximarse al proceso: verlo como un juego.
“Diviértete. Es lo que es”, recuerda sobre el consejo.
Suescun compara, de hecho, la disciplina de los intérpretes con la de los atletas de alto rendimiento. Cuerpo, mente y emociones forman parte de las herramientas que deben estar disponibles cuando comienza una escena.
La construcción de Susan se produjo entonces gradualmente y en equipo.
Para la actriz, algunos elementos fundamentales de ese proceso fueron:
- Evitar juzgar moralmente las decisiones del personaje.
- Construir la transformación de Susan de manera progresiva.
- Mantener sensibilidad y vulnerabilidad incluso conforme adquiere mayor poder.
- Escuchar las propuestas de directores, actores y coaches.
- Incorporar elementos propios para conseguir una interpretación más auténtica.
- Alejarse del estereotipo de la mujer atractiva, frívola o superficial.
“Creo que todas mis interpretaciones siempre llevan una parte de Carla”, reconoce.
Entre Argentina, México y la experiencia de empezar nuevamente
Existe otro punto de conexión entre actriz y personaje: ambas conocen la experiencia de vivir entre culturas.
Carla ha desarrollado su carrera entre Argentina y México. Susan, por su parte, se mueve entre Dallas y México.
“Yo también sé lo que significa dejar tu país, llegar a otro lugar, empezar de nuevo, observar, adaptarte y aprender nuevos códigos sin dejar de ser quien eres”, explica.
La actriz considera que vivir fuera del país de origen requiere más que adaptarse. Implica conocer la cultura, comprender sus códigos y permitir que esa experiencia transforme la manera de observar el entorno.
Sin abandonar las raíces.
“Mis raíces argentinas son una parte enorme de quien soy”, afirma.
México, entretanto, se convirtió en el territorio donde encontró oportunidades para desarrollar buena parte de su carrera.
Carla Suescun quiere personajes que rompan con su propia imagen
Después de Susan, su siguiente objetivo no consiste simplemente en encontrar otro proyecto.
Quiere personajes que la obliguen a transformarse.
“Hoy busco personajes que me muevan, que me desafíen y que me obliguen a ir a lugares a los que todavía no fui como actriz”.
Entre sus intereses aparecen thrillers, personajes psicológicamente complejos, mujeres históricas y papeles capaces de romper con los estereotipos asociados con su apariencia.
La referencia que menciona es Charlize Theron y la transformación realizada para Monster: precisamente el tipo de riesgo interpretativo que le gustaría asumir.
También tiene en puerta una posible coproducción entre México y España para un largometraje, cuyo desarrollo permanece sujeto a decisiones relacionadas con el proyecto.
Pero su ambición profesional tiene otra raíz.
Carla recuerda haber sido una niña tímida y haber enfrentado bullying durante su etapa escolar. Esas experiencias ahora alimentan su interés por participar en historias sobre enfermedades, discapacidades, adversidad y mujeres capaces de reconstruirse.
Quiere que alguien pueda observar uno de esos personajes y reconocerse.
“Sigan intentando”: el mensaje de Carla Suescun a nuevos actores
Cuando se le pregunta qué diría a quienes buscan abrirse camino en televisión, cine o contenidos digitales, su respuesta regresa inevitablemente a su propia experiencia.
“Sigan intentando, sigan intentando. No pongan tanto la cabeza, pongan el corazón, las garras”, dice.
Su participación en El Señor de los Cielos comenzó precisamente bajo esa lógica: aceptar tres episodios sin saber que terminarían convirtiéndose en 25.
“No se queden en su zona de confort. Si se están acostumbrando a algún proyecto, algún lugar o algo, sálganse de ahí. Muevan la energía, inténtenlo”, aconseja.
Carla Suescun no sabe cuál será el personaje que seguirá a Susan. Tampoco quiere establecer expectativas capaces de condicionar el resultado. Prefiere continuar trabajando, audicionando y buscando historias distintas.
Porque, después de una experiencia que apareció cuando menos la esperaba, se queda con una idea que resume su recorrido reciente: “Susan me escogió, yo no la escogí”.
Y quizá allí radica también una parte esencial de la actuación: prepararse durante años para reconocer la oportunidad cuando finalmente aparece.
