En Mimi, el lujo se escucha

A un costado del Ángel de la Independencia, una discoteca de culto cambió las luces estridentes por un sistema Hi-Fi de autor. La nueva noche sofisticada de la Ciudad de México ya no se mide en decibeles, sino en fidelidad

Sobre Paseo de la Reforma, donde la ciudad nunca baja la velocidad, hay un octavo piso que decidió ir a contracorriente. Se llama Mimi y, a diferencia de casi cualquier club de la capital, aquí la experiencia no empieza en la pista: empieza en el oído. Mientras la vida nocturna convencional compite por la iluminación más espectacular o el escenario más aparatoso, Mimi apuesta por algo bastante más difícil de conseguir, y de apreciar: escuchar la música tal como fue concebida.

El sonido como objeto de lujo

El corazón del lugar no es un DJ booth ni una bola de espejos, aunque también los hay, sino un sistema Hi-Fi diseñado por Devon Turnbull, quizá el nombre más venerado del audio contemporáneo. Bajo el seudónimo OJAS, palabra sánscrita que alude a la energía vital, este artista e ingeniero neoyorquino construye a mano bocinas que son, a la vez, esculturas: piezas monumentales, de estética casi brutalista, que van a contrapelo de una industria obsesionada con miniaturizarlo todo.

Su premisa es tan simple como radical: el sonido no es más que vibraciones viajando por el aire, y todo el espacio debe conspirar para que esas vibraciones lleguen puras. No es una idea de nicho: los sistemas de Turnbull han sido exhibidos como arte en el SFMOMA, el Cooper Hewitt de la Smithsonian y la galería Lisson, y suenan en direcciones tan codiciadas como las tiendas Supreme o el hotel Nine Orchard de Nueva York. Que una de sus creaciones habite un piso de Reforma dice mucho de las ambiciones de Mimi.

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Una cápsula de los setenta sobre Reforma

El escenario está a la altura del sonido. Revestido por completo de madera y con una estética que evoca los años setenta, el espacio transmite una calidez íntima y sofisticada que invita a quedarse. Aquí no hay excesos: hay intención. Cada elemento parece dispuesto para dirigir la mirada, y el oído hacia lo esencial.

Y luego está la vista. Desde su terraza, el Ángel de la Independencia se siente casi al alcance de la mano, recordándonos que estamos en el corazón de la avenida más emblemática del país. El contraste es hipnótico: afuera, la metrópoli no se detiene; adentro, el tiempo parece moverse al ritmo de cada canción que entra en el tornamesa.

Beber, escuchar, pertenecer

La propuesta se redondea con una coctelería de precisión, que va de los clásicos impecables a creaciones de autor firmadas por mixólogos, para convertir la noche en una experiencia multisensorial. Con su acceso discreto, se llega casi como a un speakeasy, y un aforo deliberadamente pequeño, Mimi pertenece a esa clase de direcciones que se comparten en voz baja, entre conocedores.

No es un gesto aislado. La Ciudad de México vive su propio auge de los listening bars, Café de Nadie o Tokyo Music Bar, entre otros, herederos de los legendarios jazz kissa japoneses, donde el ritual consistía en beber un whisky mientras se escuchaba, en silencio y con reverencia, un gran equipo de sonido. Mimi toma esa liturgia y la funde con la energía de la disco y una vista imbatible: menos templo solemne, más celebración para oídos exigentes.

Porque, al final, Mimi propone una idea casi contracultural en la noche capitalina: salir no siempre se trata de ver y ser visto, sino de detenerse a escuchar. Algunas noches, después de todo, no piden más volumen. Piden mejor sonido.

Coordenadas: piso 8 del edificio del Sheraton Reforma, sobre Paseo de la Reforma, con el Ángel de la Independencia enmarcado desde la terraza.

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