La piel es el último órgano en recibir la hidratación del agua que bebemos día a día.

Cuidar la barrera protectora de la piel es necesario para tener una piel sana; para lograrlo, es necesario humectarla, hidratarse y detectar si tenemos piel sensible.

Si te gusta darle un cuidado especial a tu piel, es probable que alguna vez hayas escuchado sobre las defensas naturales y de la barrera protectora que evita que factores como la radiación, la contaminación, las bacterias, la suciedad y las toxinas pasen.

La barrera protectora de nuestra piel funciona como un guardia de seguridad que ayuda a mantener una hidratación adecuada, la cual se obtiene a través del agua que bebemos diario; sin embargo, nuestra piel es el último órgano en hidratarse, por lo que es necesario humectarla con productos especializados.

Entre los factores que pueden alterar o dañar nuestra barrera natural se encuentran la edad, el clima, productos químicos agresivos como detergentes, hidratación inadecuada y duchas con agua caliente por mencionar algunas. Una barrera natural dañada conduce a una serie de problemas que incluyen piel sensible, mayor irritación, inflamación y enrojecimiento y el utilizar productos con ácidos o esteroides pueden adelgazar la piel evitando que la barrera se recupere.


¿Cómo saber si mi barrera protectora no está sana?
Cuando nuestra barrera protectora está dañada, se deshidrata. A esto se le conoce como pérdida de agua transdérmica y es evidente cuando la piel permanece seca y deshidratada, aunque nos apliquemos cremas corporales. Esta es una clara señal de que necesitamos productos adecuados para cuidarla.

¿Has notado que los productos que utilizas te hacen daño? Probablemente tu piel sea reactiva y esté propensa a la irritación. Si tu piel se descama o tiene manchas rojas, esto indica que está reaccionando a los irritantes en tu entorno como el polvo o la contaminación.

¿Qué hacer para restaurar mi barrera protectora? Curar una barrera dañada requiere tiempo y dedicación, así como cambiar algunas prácticas comunes que pueden resultar dañinas para la piel:
Evita astringentes intensos. Aléjate de aquellos productos que contengan alcohol y ácido salicílico.

No utilices productos limpiadores espumosos. Tenemos la falsa creencia de que los productos que hacen demasiada espuma son mejores y limpian más. Esto es falso. De hecho, un producto que genera demasiada espuma puede contener parabenos y sulfatos que podrían irritar tu piel e incluso desbalancear tu pH natural.

Utiliza cremas para pieles delicadas. Si has notado algunas de las características mencionadas anteriormente en tu piel, es necesario que modifiques lo que utilizas para su cuidado. Existen líneas que cuentan con productos ideales para las pieles sensibles, estresadas o con tendencia atópica; de hecho, cuentan con un tarro de crema sólida efecto mate ideal para cara y cuerpo que ayuda a regenerar y reestablecer las defensas naturales de la piel dejándola suave, protegida, humectada, con más elasticidad, en óptimas condiciones y notoriamente reparada.

Hidrátate. Una piel sana viene de adentro, lo que significa que hay nutrientes clave que pueden ayudarte. Nunca equilibrarás la humedad de tu piel si estás deshidratada, así que asegúrate de tomar agua suficiente.
Ingiere ceramidas y ácidos grasos. Nuestra piel necesita de ciertos nutrientes que son mucho más eficaces cuando se ingieren; las ceramidas y los ácidos grasos se pueden tomar vía oral, lo que ayudará a que la piel se regenere desde adentro hacia afuera. Los ácidos grasos son antiinflamatorios, así que son excelentes para calmar malestares como descamación y ardor. Añade a tu dieta pescado, semillas y aceites vegetales, estos restaurarán los lípidos a nivel celular.

Con estos consejos lograrás mejorar la apariencia de tu piel desde adentro.