Ahora que va a casarse con un príncipe, a Sofía Hellqvist le incomodan más que nunca sus fotografías en topless que siguen circulando por internet. Comprometida con Carlos Felipe de Suecia y con fecha de boda sobre la mesa, mucho ha cambiado su vida respecto a los años en que triunfaba como modelo y estrella de televisión. Un pasado que obstaculizó su ingreso en palacio, pero que al final no ha acabado siendo ningún impedimento. La Casa Real anunció hace dos semanas el día del enlace, que se celebrará el 13 de junio del 2015.

Carlos Felipe, de 35 años y único hijo varón de los reyes, ha sido el más atrevido a la hora de elegir esposa. Aunque sus hermanas, ya casadas, tampoco se quedan cortas. Victoria, la primogénita y heredera al trono, fue la primera en romper esquemas al enamorarse de su entrenador personal, Daniel Westling, que, a pesar de la oposición inicial de los monarcas, se convirtió en su marido en el 2010 y con el que ya tiene una hija, la princesa Estelle. Le siguió la hermana menor, Magdalena, que el año pasado contrajo matrimonio con el bróker americano Chris O’Neill. La pareja, que vive en Nueva York, ya tiene también una niña de pocos meses, la princesa Leonore. 

Pero si hubiera que elegir, no cabe duda. De los tres plebeyos aceptados en la corte, Sofía es la menos convencional. Nacida en 1984 cerca de Estocolmo, creció en Älvdalen, una pequeña localidad rural situada en el centro del país. La mediana de tres hermanas, ya de niña soñaba con ser modelo. Iba a clases de baile y también cultivaba el teatro, el canto y el piano. 

A los 18 años, su modesta vida de campo dio un salto al trasladarse a Estocolmo. Primero empezó a trabajar de camarera, al tiempo que trataba de hacer sus pinitos como modelo. Y, como en toda gran ciudad, las oportunidades no tardaron en llegar. En el 2004, la revista para hombres Slitz publicó un sugerente reportaje fotográfico en el que aparecía semidesnuda, sólo con la parte baja del bikini y una gran serpiente tapándole los pechos. Ese mismo año, los lectores de la revista la elegían Miss Slitz 2004. 

Y como a quien mucho tiene, más le viene, la hazaña fue su carta de presentación para entrar en el casting de Paradise Hotel, un programa de tele-realidad emitido por la televisión sueca TV4 y en el que Sofía no sólo no lo hizo mal, sino que consiguió llegar hasta la final. En el show, un grupo de jóvenes solteros conviven en un hotel de lujo perdido en un paraíso tropical, compitiendo entre sí para ver quién consigue permanecer más tiempo. 

Googleando un poco, se encuentran fácilmente vídeos que recopilan las apariciones más destacadas de la futura princesa. A sus 20 años, se la ve desenvuelta y decidida en sus relaciones con los demás concursantes y en sus opiniones sobre ellos. Coqueta y sensual, en una de las filmaciones colgadas en YouTube se deja masajear las nalgas por otro participante durante largo rato. Tumbada boca abajo, Sofía lleva otra vez únicamente la braguita del bikini. En otra escena, comparte una cena romántica con otro concursante a orillas de una bonita playa, con música y cócteles incluidos.

Es a esta época de su vida a la que corresponden los episodios que seguramente más le avergüenzan en la actualidad. Más allá de posar en bikini, en posiciones provocativas o simplemente desnuda, Sofía volvió a ser motivo de escándalo en el 2005 al besarse con la estrella porno americana Jenna Jameson, con quien colaboró en Las Vegas.

Después de tanto desenfreno, sin embargo, parece que le entraron ganas de sentar un poco la cabeza. La experiencia en la tele había sido intensa. Seguramente, el haber dejado que sus intimidades quedaran expuestas tan indiscretamente a los ojos de todos influyó. Sea como sea, necesitaba un cambio de aires y se mudó a Nueva York. Se apuntó a un curso para ser profesora de yoga y al cabo de un tiempo abrió su propio estudio. 

Esta es la parte de su vida de la que la Casa Real empieza a hablar en la biografía oficial que tiene colgada en su página web. De lo anterior, nada menciona. De sus fotos, sus aventuras como modelo o su experiencia televisiva, no hay ninguna referencia. Como si nunca hubiera existido. Y eso a pesar de la cantidad de material que lo documenta y que está fácilmente accesible por internet.

La biografía real, en cambio, sí pone de relieve sus conocimientos en contabilidad adquiridos en Estados Unidos o su participación en cursos de ética global e infancia impartidos por la Universidad de Estocolmo. Aunque, a los ojos de los monarcas, la parte que mejor encaja con su futura vida en la corte es su trabajo como voluntaria en Ghana, a donde viajó en septiembre y octubre del 2009 y la fundación, en el 2010, de la ONG Project Playground, que ayuda a niños y jóvenes vulnerables en los suburbios de Sudáfrica.

Coincidencia o no, esta es precisamente la etapa en que su vida se cruzó con la de Carlos Felipe. Ambos se conocieron en un bar de copas en el verano del 2009. Hacía pocos meses que el príncipe había roto con Emma Pernald, la que había sido su novia durante casi una década, y su nueva relación con Sofía no saltó a los titulares hasta enero del 2010. Pero la pareja todavía tuvo que esperar más de medio año para que la Casa Real reconociera el romance de modo oficial. Cosa que hizo, pero no sin antes arremeter contra los medios de comunicación por publicar fotos antiguas de la novia desnuda.

Desde entonces, Sofía se ha ido ganando a pulso la simpatía de sus suegros. A excepción de los tatuajes que sigue luciendo en la espalda, ha cambiado los escotes y formas demasiado sensuales por la elegancia y la discreción. Vive volcada en sus proyectos de solidaridad en África, los preparativos para la boda y sus nuevas obligaciones en la corte. Su vida ha cambiado y mucho. Entrevistada recientemente por el diario sueco Expressen, la ex modelo reconoce, de hecho, que hay cosas de su pasado que “no habría hecho hoy en día”. Pero también se queja de que la prensa la reduzca sólo a esas imágenes. “Fue una parte muy pequeña de mi vida, he hecho mucho más”, se lamenta. Y, probablemente, tenga razón.