La mayoría de los padres buscan que sus hijos cumplan con las normas sociales que determinan cómo debe de ser el hijo perfecto, a pesar de que muchas veces, terminan orillando a los menores a sentirse incómodos y desarrollando inseguridades.

Un estudio analizó el comportamiento de un grupo de menores que fueron forzados por sus padres para ser amables y educados, revelando que tienen un menor rendimiento en el área del pensamiento, ya que se sienten decepcionados.

“Los menores que estaban decepcionados pero que simulaban emociones positivas mostraron un rendimiento deficiente en la tarea cognitiva posterior”, explicaron los expertos.

En caso contrario, los niños que tenían la habilidad de mostrar sus emociones negativas sin fingir ser demasiado amables tienen una mayor facilidad de expresarse y cuentan con mayor seguridad.

Los investigadores explicaron que los niños con una buena regulación emocional se podían adaptar de manera más sencilla al control emocional y tienen menos problemas en realizar metas dirigidas; incluso si eso implica lidiar con emociones negativas. Mientras que los niños que son forzados a ser amables, son considerados como “pobres en el campo de la regulación emocional” y pasan momentos complicados tratando de realizar esta función cognitiva.