Un beso es la conexión de dos almas que se aman. No importa si es en la mejilla, en la frente o en la boca, lo importante es el momento de felicidad que nos provoca.

Los besos son la manifestación afectiva más antigua de la que se tenga registro, y algunos historiadores aseguran que pudo surgir de un acto de amor y de desafío al mismo tiempo. Pero un estudio publicado en la revista Archives of Sexual Behaviour, reveló que además de ponernos de buenas, también tiene propiedades curativas.

La investigación detalla que el besar apasionadamente se desencadena un espectro completo de procesos fisiológicos que aumentan la inmunidad y ayuda a perder peso, ya que un buen beso puede quemar de 2 a 26 calorías por minuto.

“El beso es un contacto intenso que no solo nos une al cuerpo del otro, sino que ayuda a conectar con el placer propio que se despierta y se nutre de esta forma íntima de conexión. El beso estimula la secreción de oxitocina y libera endorfinas que dan sensación de bienestar”, explicó Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo.

Helen Fisher, antropóloga estadounidense, detalla cómo captamos un beso a través de todos nuestros sentidos. “Gran parte de la corteza cerebral se dedica a captar sensaciones alrededor de los labios, las mejillas, la lengua y la nariz. De los 12 nervios craneales, cinco de ellos recogen los datos de alrededor de la boca. Está construido para captar los más sensibles. sentimientos, los sabores y olores más intrincados, el tacto y la temperatura. Y cuando besas a alguien, realmente puedes escucharlo, verlo y sentirlo. Besar no significa solo besar”.