La llegada del Sumo Pontífice también esconde una agenda política que busca enmendar errores de la iglesia.

Era marzo del 2013 y en La Casa del Clero, un modesto hostal donde se hospedaban sacerdotes que están de paso por Roma, quedaron atónitos cuando el Papa Francisco, recién elegido Sumo Pontífice por la mayoría de cardenales del mundo, se apersonó en el lugar para recoger sus pertenencias y pagar su deuda.

Empleados del hotel, así como los huéspedes, no daban crédito a lo que veían pues el nuevo Papa, quien saludaba unas horas antes, en la plaza de San Pedro, a miles de peregrinos, sacaba su billetera para pagar el uso de la habitación 203.

“Es lo justo”, dijo al encargado del hostal, quien se negaba a recibir el dinero de este huésped, quien se alojó como Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, y salió de ese sitio con maleta en mano como Francisco, el primer Papa Jesuita y originario del continente americano.

En estos casi tres años de haber sido elegido jefe de la iglesia católica, Francisco no ha dejado de sorprender dentro y fuera del mundo eclesiástico por acciones como haber perdido perdón “por los escándalos que se han producido en Roma y en el Vaticano”.

COSAS buscó a integrantes del clero mexicano y a diversos estudiosos de teología para conocer y entender el sentido de la primera visita a México del Papa Francisco, quien planeó una agenda pastoral suis generis, que le permitirá estar en las dos fronteras de México, en la Basílica de Guadalupe y en la Catedral, así como en Ecatepec y Morelia.

¿POR QUÉ FRANCISCO ESCOGIÓ ESTOS LUGARES MEXICANOS?

Los expertos en religiones Fred Álvarez y Elio Masferrer, así como el ex secretario Ejecutivo de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), el Padre Manuel Corral, coincidieron en que cada lugar seleccionado en México fue estudiado minuciosamente por Francisco.

 

Entérate de esto y más en el artículo completo de Francisco Nieto Balbino en la edición de FEBRERO de REVISTA COSAS MÉXICO.