Celebra 30 años de ser el primer astronauta latinoamericano, una hazaña que le cambió la vida.

“El espacio.. la última frontera”. Con esta frase que abre la legendaria serie televisiva Viaje a las estrellas, se resume uno de los sueños más preciados de la humanidad: descubrir qué hay en el espacio, un anhelo que hasta antes del 26 de noviembre de 1985 había permanecido como una fantasía inalcanzable para cualquier mexicano hasta que con la participación del doctor Rodolfo Neri Vela, en la misión STS-61-B del Transbordador Espacial Atlantis, se convirtió en realidad.

Treinta años después de su despegue desde el Centro Espacial Kennedy, la historia de esta travesía es contada por su protagonista como el resultado de una decisión que le cambió la vida y que, en algún punto se convirtió en una pesada losa, siempre ha sido un referente de lo que un joven puede conseguir.

Con seguridad, el ex astronauta habla de su experiencia, asegura haber conseguido mucho más que orbitar el planeta y apreciar las maravillas del cosmos de cerca pues, desde el momento en que sus ojos vieron la imagen de la Tierra desde el espacio, algo cambio en él, en su perspectiva, y de ahí en adelante “todo lo demás sería extra”.