Entre la oscuridad y los asientos, el ambiente se torna tenso a la hora de intentar probar bocado.

El dilema de quitarse el cubrebocas para volver a sentir la experiencia completa del goce cinéfilo, es una opción aventurada para cualquiera que vaya a las salas de cine.

En la reapertura, es quizá el choque más fuerte que se pueda llegar a vivir en una sala que tenga el límite establecido de gente o inclusive un espacio gigante para una persona. 

El viejo recuerdo de las salas llenas, los ruidos incómodos y las carcajadas sin mesura, hoy son un vago recuerdo del pasado.

Mismos que se ven eclipsados, por el ambiente de silencio e incertidumbre de quien pueda toser mientras uno coma sus alimentos o estén sin cubrebocas en la sala de cine, aún cuando se mantenga la sana distancia.

El toque que completa la realidad pura, es el choque visual de una sala que se compone por dos asientos disponibles y tres cancelados a los lados, más dos filas vacías enfrente y atrás de uno.

Al comenzar la cinta, pasan los protocolos de seguridad que se toman en Cinépolis, mismos que te hacen recordar la experiencia vivida momentos antes.

El sólo hecho de ir a un cine dentro del centro comercial resulta una experiencia única, pues la soledad impera desde la entrada de la plaza hasta las marquesinas del cine.

La basta recepción de Cinépolis se percibe semi vacía y acordonada con una cinta en su mayoría dejando dos espacios libres para los accesos del complejo.

Desde la entrada, se repiten los protocolos antes de entrar a la plaza, la toma de temperatura, el tapete sanitizante y el gel antibacterial.

Posteriormente, para cualquier actividad que desees realizar se guarda la sana distancia respetando las indicaciones pegadas en el suelo que garantizan el espacio permitido entre personas.

Es, si acaso la zona de las dulcería una de las experiencias que hoy se modificó bastante, pues además de tener una barrera transparente en la caja para mantener distancia del cliente.

La entrega de los alimentos te los da otra persona, pero antes te pone gel anti bacterial y lo que más llega a cambiar para los amantes de las golosinas, es la presentación de los dulces a granel.

El ponerle condimentos a tus palomitas, nachos o ir por servilletas, también es hoy un mito de la experiencia cinéfila, pues todo te lo dan a la hora de entregarte tus alimentos.

Para la entrada a la función uno muestra su ticket ya partido a la mitad si se compra físicamente en cajas para evitar el contacto físico, lo muestras y posteriormente llega más gel antibacterial.

Entre pasillos de salas de cine, hay una señalización en el piso que divide el corredor a la mitad el espacio para que la gente no se atraviese y sea ordenada.

Uno de los breves momentos que transmiten por instantes la experiencia única del cine, es recorrer los oscuros corredores para reencontrarse con la pantalla grande, mismos que se opacan al tener el choque visual de la sala vacía con separaciones. 

Una vez terminada la función, en las pantallas pasan los protocolos de salida de la sala que serán guiados por empleados del lugar para mantener la sana distancia.

A la salida, también el depositar la basura cambia, para evitar contacto, sí no terminaste tus bebidas, depositas en una bote tus líquidos y los envases los tiras en otra bolsa para que posteriormente el empleado te otorgue más gel antibacterial.

Es así, como la experiencia de disfrutar el cine muestra un entorno con protocolos que pudieran dar tranquilidad, pero sigue reinando la incertidumbre en todo momento.