La ganadora del Premio Cervantes, Elena Poniatowska, aseguró que el celebre autor Juan José Arreola abusó sexualmente de ella cuando tenía 23 años y él 37; y tras el ataque quedó embarazada de su primogénito. Después de revelar los hechos, la escritora y la familia de su maestro se han enfrascado en una guerra de declaraciones.

 

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“Estoy sola. No sé que es el amor. Lo que me ha sucedido. El catre, la amenaza, el ataque nada tienen que ver con lo que leí en los libros”, escribió la autora mexicana en su último libro El Amante Polaco, anécdota que confesó en entrevista para Excélsior el protagonista de su violación fue su maestro, el escritor Juan José Arreola.

En el libro relata como el autor intentó convencerla de realizarse un aborto y que esa fue la razón por la que decidió dar a luz en Italia. Poniatowska sostuvo que tras el nacimiento de Emmanuel, Arreola jamás se interesó por él ni sentimental ni económicamente.

 

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La familia Arreola responde

La familia del maestro Juan José Arreola solicitó a la escritora ofrezca una disculpa pública; asegurando que es una lástima que el escritor no esté presente para desahogar su derecho de réplica.

En esa misma linea, Orso Arreola, hijo del escritor,  publicó una serie de cartas entre su padre y la escritora, que supuestamente deja ver que entre ellos existía una relación consensuada. En una de ellas se observa a Poniatowska asegurar que no lo molestará después del bebé.

“Los sentimientos en general no se saben volver a encontrar y a lo mejor los dos seremos totalmente nuevos el uno frente al otro sin encontrar nada, sin recobrar el hilo perdido. ¡Tú, un nuevo Juan José, y yo también cambiada! ¡Y te imaginas la angustia y la miseria! Mejor así. No es que quiera yo tener el papel más noble, pero veo lo más práctico. Yo de ti nunca hablaré una palabra con nadie, ¡ni después del bebé!”

 

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La respuesta de la autora tras la publicación de las cartas

En respuesta, Elena Poniatowska realizó su derecho a réplica que te mostramos en su totalidad a continuación:

“Son las 4:37 de la tarde del domingo 8 de diciembre de 2019 y leo estupefacta la carta de la familia del escritor Juan José Arreola. Jamás, en 64 años, he hecho declaración alguna acerca de Arreola y su entorno. En mi novelaEl amante polaco que Planeta lanzó en la Feria del Libro de Guadalajara, el miércoles 4 de diciembre, solo hablo de “El maestro”.

Mi hijo nació en un convento de monjas en Monte Mario, Roma, el 7 de julio de 1955. Cuando conocí a Arreola en 1954 (nací en 1932 y cumpliré 88 años el 19 de mayo del 2020), era una jovencita totalmente dispuesta al deslumbramiento.

En esa época, las niñas que se educaban en colegio de monjas salían del convento igual que entraban, más niñas que nunca, páginas en blanco, sin ninguna preparación para la vida. Arreola era un adulto, un hombre casado, con tres hijos, 20 años mayor que yo.

Mi relación no fue una de las ‘relaciones sentimentales’ del ‘padre y abuelo Arreola’ sino un suceso fundamental en mi vida que habría de cambiar no sólo mi destino sino el de mi hijo; fue la relación de un adulto casado que sabía lo que hacía con una joven inexperta e ingenua en todos los sentidos.

Aunque la familia de Arreola habla de respeto, la respetuosa fui yo, la que nunca pidió nada fui yo, la que no volvió a verlo nunca fui yo, la que guardó silencio fui yo.

Arreola jamás vio a mi hijo, jamás lo conoció, jamás lo mantuvo. Pudo enviarle un libro, jamás lo hizo. En cambio, si mi hijo hubiera manifestado el deseo de conocerlo, por respeto, habría cumplido su voluntad. Ya adulto, Mane jamás buscó verlo. Los verdaderos padres de mi hijo, doctor Emmanuel Haro Poniatowski, son su abuelo Juan. E. Poniatowski y el astrofísico Guillermo Haro.

Por lo visto, el ‘querido padre y abuelo’ de los Arreola quien siempre se ufanó de sus conquistas, también lo hizo frente a su familia, puesto que ahora las festejan. Como consta en la carta a máquina (escrita desde Roma, Italia, en 1955, y reproducida por REFORMA el domingo 8 de diciembre de 2019), me preocupé por sus hijas, a diferencia suya que jamás lo hizo por mí o por mi hijo.

El silencio y el respeto del que habla la familia Arreola han sido de mi familia y míos durante 64 años. ¿En qué se basa el silencio y el respeto de la familia Arreola, si ahora trae a la luz un asunto del que nunca hablé?

Supe desde un principio que Arreola jamás viajaría a Italia puesto que no podía cruzar una calle en la Ciudad de México. Mi carta de 1955, por lo tanto, es la de una incauta que intenta protegerlo. Cuando uno es joven, protege o camina al borde del abismo. ¿Alguna vez fue Arreola responsable de sí mismo? Su talento y su inteligencia lo enseñaron a usar a los demás.

Arreola nunca fue capaz de poner en orden su vida y eso lo sabe su familia. Sólo pudo “echar a perder quien sabe qué de muy bello que tenía”, como lo escribo en la carta de 1955, que reproduce REFORMA.

Es desafortunado el caso de Tita Valencia que destapa una situación distinta a la mía, aunque tenga en común al mismo personaje.

Mi vida no se reduce a la frase final del capítulo 20 del El amante polaco, página 333 (la única vez en que expongo la acción de “el maestro”), y nada tiene que ver con “una injusta narrativa de falsedades imposible de soslayar”. A lo largo de 405 páginas jamás aparece el nombre del “querido padre y abuelo”.