Existen experiencias que desafían las etiquetas convencionales. No son solo festivales, ni retiros, ni simples eventos marcados en un calendario. Tango in Paradise, la creación del bailarín y pedagogo argentino Pablo Cortazzo, se sitúa en esa frontera intangible donde la danza se convierte en una pieza de arte viva. Lo que sucede en la costa oaxaqueña durante estos días es un ejercicio de precisión curatorial donde el tango, la naturaleza y la cultura local se entrelazan para redefinir el concepto de viaje de autor.
Una composición para los sentidos
Asistir a Tango in Paradise es, ante todo, una inmersión sensorial. Desde el primer instante, el asistente percibe que nada ha sido dejado al azar. Cada detalle —desde la elección del espacio hasta los tiempos de silencio, la selección musical y el diálogo con el paisaje— forma parte de una composición mayor diseñada por Cortazzo. El escenario no podría ser más potente: Zipolite. Un lugar de fuerza indómita donde el pulso del Pacífico marca el ritmo de los cuerpos y la costa de Oaxaca ofrece un marco que logra ser, al mismo tiempo, monumental e íntimo.
El diálogo de dos mundos
Lo verdaderamente notable de esta propuesta es la maestría con la que logra integrar dos universos que, en el papel, podrían parecer distantes: la sofisticación melancólica del tango argentino y la calidez orgánica de la cultura costera oaxaqueña.

Lejos de ser una superposición forzada, estos mundos dialogan en una frecuencia única. Bajo el sol de México, el tango se suaviza, respira de otra manera y pierde su rigidez urbana; a su vez, Oaxaca se vuelve cuerpo, se transforma en abrazo y adquiere una cadencia nueva. El resultado es una fusión natural y profundamente respetuosa. Este cruce trasciende lo estético para volverse territorial y humano: el festival se integra activamente con la comunidad local, incorporando la gastronomía, los servicios y los saberes del lugar, generando un impacto real y sostenible. Tango in Paradise no aterriza en Oaxaca; se funde con ella.
Una constelación en movimiento
Para elevar esta experiencia, Cortazzo ha convocado a una verdadera élite del tango internacional. Figuras de la talla de Corina de La Rosa, Miguel Bravo, Fernando Corrado, Paulo Mecchia y Luis León se suman a esta propuesta. Sin embargo, su rol aquí rompe con la lógica tradicional de los festivales. No son “artistas invitados” que observan desde un pedestal; son parte activa de un ecosistema humano. La cercanía, el intercambio constante y un acompañamiento personalizado eliminan la barrera entre el maestro y el alumno, convirtiendo a cada asistente en una pieza fundamental de la obra.
Noches de ritual e inmersión
Cuando cae el sol, Tango in Paradise se transforma. Cada noche es una creación inmersiva donde la iluminación, el espacio y el clima emocional construyen atmósferas que invitan a habitar el tango como un ritual. Aquí, el baile deja de ser una práctica cultural para convertirse en una forma de presencia absoluta. Es un juego de exploración donde el paisaje y el encuentro con el otro dictan las reglas.
El Tango como filosofía de vida
Esta propuesta es la síntesis de más de dos décadas de trayectoria global de Pablo Cortazzo. En ella, el tango se manifiesta en su máxima expresión: como lenguaje, como herramienta de conexión y, sobre todo, como un estilo de vida. Bienestar, arte, comunidad y naturaleza se alinean en una experiencia coherente y sensible.
Tango in Paradise es, en última instancia, una invitación a moverse distinto. Es el descubrimiento de que, cuando existe una visión madura y un cuidado artesanal detrás, el tango puede dejar de ser solo una danza para convertirse en un paisaje que se lleva puesto, en un ritual sanador y en una auténtica obra de arte en movimiento.

