Sanar juntos, el mapa de la intimidad

Cómo mantener la conexión, el deseo y el apoyo emocional cuando el cáncer de mama cambia las reglas de la pareja

Cómo mantener la conexión, el deseo y el apoyo emocional cuando el cáncer de mama cambia las reglas de la pareja

Por Claudia Lobatón*

Cuando el diagnóstico pone a la pareja en modo supervivencia

Cuando aparece un diagnóstico de cáncer de mama, la pareja puede entrar en modo supervivencia. Hay citas médicas, estudios, tratamientos, efectos secundarios, cansancio y una enorme cantidad de decisiones que tomar.

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En medio de todo esto, el sexo puede parecer poco importante. El cáncer de mama y sus tratamientos alteran sustancialmente la satisfacción sexual tanto de las pacientes como de sus parejas, y las dinámicas,como la comunicación, la cercanía emocional y el afrontamiento mutuo, son aspectos tanto determinantes como críticos.

La intimidad no desaparece: se transforma

Pero la intimidad no desaparece porque haya un diagnóstico. Lo que cambia es la manera de vivirla.

El cáncer de mama y sus tratamientos pueden afectar el deseo, la excitación, la lubricación, el orgasmo, la imagen corporal y la comodidad durante las relaciones sexuales. También pueden modificar la forma en que una persona se percibe a sí misma y cómo se siente al ser mirada o deseada por su pareja. La evidencia reciente muestra que estos cambios pueden afectar la intimidad de ambos miembros de la pareja y, muchas veces, estos factores quedan fuera de la conversación médica.

De “¿cuándo?” a “¿cómo?”: cambiar la pregunta

Por eso, quizá la pregunta no sea: ¿cuándo volveremos a tener sexo? Quizá sea: ¿cómo podemos volver a encontrarnos?

Cinco claves para la ruta de recuperación

Desde la educación sexual que promovemos, una de las ideas que más nos interesa transmitir es que no existe un único mapa de la intimidad y que, después de un proceso de enfermedad, quizá sea necesario dibujar uno nuevo. Para ello hay que considerar varios factores durante esta ruta de recuperación:

1. Primero, la persona; después, la pareja

Durante el tratamiento, es fácil que la relación cambie de dinámica: una persona puede convertirse principalmente en paciente y la otra en cuidadora, y estos roles desiguales pueden disminuir el deseo y generar cansancio mental.

Cuidar también es una forma de amor, pero si la relación se queda solo en estos papeles, pueden perderse momentos significativos; por eso, es importante recordar que acompañar a tu pareja no significa dejar de ser pareja.

Breast cancer month, a woman in a white T-shirt with a satin pink ribbon on her chest, a symbol for breast cancer awareness campaign in October

Preguntar ¿Cómo te puedo ayudar? puede ser tan importante como preguntar ¿Cómo te estás sintiendo conmigo? También puede ser útil hablar de necesidades que no tienen que ver directamente con el cáncer.

Otras preguntas que puedes probar para nutrir la conexión de pareja:

¿Quieres que te abrace o prefieres espacio?
¿Quieres que te escuche o quieres que busquemos una solución?
¿Qué te haría sentir acompañada hoy?

2. La comunicación como forma de intimidad

La complicidad emocional y la intimidad física son el mejor motor para mantener una relación fuerte a largo plazo.

3. El cuerpo puede cambiar; la mirada también

Una mastectomía, cicatrices, pérdida de cabello, cambios de peso o modificaciones hormonales pueden transformar la relación con el propio cuerpo. Y aquí la pareja tiene un papel importante, pero no como alguien que debe convencer a la otra persona de que “sigue siendo hermosa”.

A veces, frases como “para mí estás igual” pueden venir de una intención de tranquilizar, pero pueden no reconocer la experiencia real de quien ha atravesado el tratamiento. Por eso, es preferible decir: “Sé que tu cuerpo ha cambiado y que esto puede ser difícil. Estoy aquí para acompañarte y quiero saber cómo quieres que me acerque a ti”. La diferencia está en no intentar borrar lo ocurrido, sino en acompañarlo.

Recuperar o cuidar la imagen corporal es una pieza clave para superar los obstáculos en la intimidad que suelen aparecer después de este proceso.

4. No presionen el deseo

Uno de los errores más comunes es pensar que, una vez terminado el tratamiento, la sexualidad debería regresar automáticamente a la normalidad. El cansancio, los cambios hormonales, algunos medicamentos, el dolor, la sequedad vaginal, la preocupación por el cuerpo y el impacto emocional del diagnóstico pueden modificar el deseo y la respuesta sexual.

Por eso, no tener ganas no significa necesariamente no desear a la pareja, y, para quien acompaña, tampoco significa automáticamente “ya no le atraigo”. En lugar de preguntar ¿Cuándo vamos a volver a tener sexo?, puede ser mucho más útil preguntar: ¿Qué tipo de contacto te resulta agradable ahora?

5. Construyan un nuevo mapa de intimidad

La sexualidad no empieza ni termina con la penetración. Durante el tratamiento y la recuperación, una pareja puede retomar la conexión a través de besos, abrazos, masajes, caricias, dormir juntos, bañarse, masturbarse mutuamente, explorar el cuerpo o simplemente tener un momento de contacto sin la expectativa de terminar teniendo relaciones sexuales. Esto es especialmente importante porque permite separar dos cosas que solemos mezclar: intimidad y rendimiento sexual.

Una caricia no tiene que convertirse en sexo. Un beso no tiene que terminar en penetración. Y un encuentro sexual no tiene que terminar en orgasmo. Cuando desaparece la obligación de “llegar a algo”, el cuerpo puede encontrar nuevamente espacio para el placer.

*Claudia Lobatón es psicóloga, sexóloga clínica y educadora sexual especializada en dificultades sexuales y terapia de pareja. Es vocera de Platanomelón México es especialista en educación sexual y maestra en sexología clínica y educativa por el Instituto Mexicano de Sexología, con actualizaciones en terapia de pareja y disfunciones sexuales.

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