Por Eridani Salazar

Hace unos días, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación presentó el grupo de personalidades que formarían parte de un foro sobre la discriminación. Entre las personalidades se encontraba Chumel Torres, quien desató el enojo de un sector de la población que argumentaba que él representaba todo lo que la institución buscaba erradicar, por lo que su participación era llevar al enemigo a casa.

La situación tomó otro rumbo cuando Beatriz Gutiérrez Müller, esposa de Andrés Manuel López Obrador, opinó sobre la participación del influencer y expuso que su hijo es blanco de ataques por parte de él; además, exigió una disculpa pública de su parte. La conversación sobre el tema se volvió cada vez más complicada por lo que CONAPRED decidió cancelar el evento, lo que fue calificado por Torres como un acto de censura por parte del gobierno.

 

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Este debate llevó a la cantante Amandititita a exponer que el comunicador, Horacio Villalobos, realizó comentarios misóginos y racistas en una cápsula de comedia que realizó en el programa Desde Gayola hace algunos años atrás. A la denuncia se sumaron otras personalidades del mundo del espectáculo cómo: Polo Morín, Ana de la Reguera, Toñita, Maca Carriedo y Claudia Lizaldi.

Chumel Torres y Villalobos defendieron su trabajo argumentando que sus comentarios fueron realizados con humor negro, y que su sátira, busca hacer una denuncia de lo que ocurre en nuestra sociedad; por lo que ven como un atentado a la libertad de expresión el erradicar esta forma de comunicar en los medios.

 

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¿Las agresiones se justifican con el humor negro?

En las redes sociales se vive una lucha constante entre lo que es correcto hacer y lo que no. Muchos de estos debates son defendidos desde la moral del acusado o de los acusadores, desde sus privilegios o desde el lugar donde fueron segregados. Mientras todos luchan por defender sus ideas, nadie ha puesto sobre la mesa una cosa muy sencilla:  se ha perdido la responsabilidad sobre lo que compartimos en redes sociales y no hemos escudado con el “no es enserio”.

¿No son enserio los feminicidios, los asesinatos por odio contra la comunidad LGBT+, la falta de oportunidades por tu tono de piel, por el lugar donde naciste o por tus rasgos físicos? ¡Claro que es algo que se debe tomar con mucha seriedad!, pero también se debe exponer, se debe llevar a la agenda pública por todos los frentes y se debe mostrar el rostro de lo que somos como sociedad. Cada individuo debe entender cómo ha contribuido a que existan esos problemas, mientras los demás debemos dejar de juzgarlo, debemos acercarle las herramientas para que deconstruya lo que aprendió y construya una nueva ideología aprendiendo de su error.

 

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¿Somos malas personas por reírnos de lo que es políticamente incorrecto?

El error que cometemos como sociedad es pensar que los seres humanos somos “buena gente” cada segundo de nuestras vidas. Si fuera así, no habría conflictos entre los que dicen qué es apropiado e inapropiado, ya que no tendríamos que emitir un juicio sobre lo que hace, dice o piensa otra persona. Como la realidad no es así, todos en algún momento nos hemos reído de algo que no deberíamos en mayor o menor medida. Seguro te preguntarás si eso te hace una mala persona. Para descubrirlo, debes preguntarte qué tan indiferente eres a la problemática que te hizo reír.

Para entender más a fondo el tema, debemos cuestionar cuáles fueron los motivos que despertó en nosotros el interés de reírnos de un drama que retrata de una forma tan oscura lo que viven otras personas. Henri Bergson publicó un ensayo sobre el papel de la risa en la sociedad, en el señala que los chistes o memes que detonan nuestras carcajadas nos vuelven insensibles al tema en ese momento, pero el verdadero problema ocurre cuando nos volvemos indiferentes a la opinión de las personas de las que se hace el chiste y nos reímos de su dolor.

 

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Cuando la violencia, la desigualdad, la indiferencia, las muertes, la inseguridad y otros temas característicos de la desintegración social siguen sin resolverse, es ahí cuando tendremos que cuestionarnos sobre si es un buen momento para hacer chistes sobre todo ello o tomar acciones que realmente generen un cambio y que no se quede solo en el debate en redes sobre quién tiene la razón.