Fue sustraída de su escuela en Guanajuato por un operativo de la Interpol, alejada de sus padres y llevada a Estados Unidos.

Paris Alejandro Salazar  / Fotos: Carlos Amar

 U n intempestivo grito cambió de súbito las emociones, los pensamientos y destrozó la tranquilidad y la confianza de que todo era una equivocación. Algo no estaba bien, advirtió Alondra Luna, cuando escuchó que del salón adjunto venía la voz amenazante de su mamá: “No se va a llevar a mi hija”.

 Minutos después vio entrar a un par de uniformados que la tomó de los brazos. Con la fragilidad y la fuerza de su cuerpo adolescente resistió todo lo que pudo a que dos policías federales la subieran a una patrulla para entregarla a una mujer que también la llamaba “hija”. La llevaron al aeropuerto y la trasladaron a Houston, Texas, a un nuevo hogar lejos su natal Guanajuato.

 La confusión y el mal sueño temporal se volvieron tragedia. Una juez falló a favor de Dorotea García –residente de Estados Unidos que reclamaba la maternidad de Alondra–, le entregó la custodia validando el dicho de una cicatriz en la frente de la niña, un familiar en común y una investigación personal con una fotografía de Facebook, y desechó las 13 pruebas documentales que presentaron Gustavo Luna y Susana Núñez, los padres de Alondra Luna, así como una prueba genética de ADN.

 De un plumazo, en menos de 24 horas la juez Cinthia Mercado García, modificó la vida de dos familias. La magistrada resolvió que Alondra Luna debería ser Alondra Díaz, que su edad ya no era de 14 años sino de 12 años, que dejaría la nacionalidad mexicana por la estadounidense, que Gustavo y José Alfredo ya no eran sus hermanos, pero que sí tenía una hermana de nombre Sara.

 La “restitución internacional” de la magistrada condenaba a Alondra Luna a suplir contra su voluntad a Alondra Díaz, la verdadera hija de Dorotea García sustraída ilegalmente del hogar en Houston hace ocho años por su padre Reynaldo Díaz.

 Alondra Luna comprendía apenas la confusión que la condujo de Guanajuato a Los Reyes, cuando de repente le informaron que por una decisión judicial sería separada de quienes había conocido como padres toda su vida, para entregarla a otra señora que aseguraba ser su madre. Días después, el Consulado de México en Estados Unidos le informó a Dorotea García que la prueba de ADN resultó negativa, que no era la madre biológica. Alondra sería repatriada horas después.

 Dorotea García le ofreció una disculpa a Alondra Luna, le dijo que podía quedarse con la ropa que le había comprado y le pidió que le dejara su uniforme escolar como recuerdo. La adolescente guardó silencio, salió junto con el personal diplomático y volvió a brillar la coqueta sonrisa en su rostro. La pesadilla había terminado.

 Alondra Luna y Alondra Díaz no sólo tienen coincidencia en el nombre, tienen tíos y una prima en común, porque Reynaldo Díaz es hermano de un cuñado de Gustavo Luna, los padres de las menores se conocieron de manera fugaz Estados Unidos. Alondra Luna está con sus padres en Guanajuato y Alondra Díaz, luego de nuevas investigaciones judiciales, fue ubicada y enviada a Estados Unidos al lado de su madre, Dorotea García.

El operativo de la Interpol

El 16 de abril, Alondra Luna se levantó como cualquier día escolar en su casa en la colonia Mártires 22 de abril. Se puso el uniforme, desayunó y tomó los dos autobuses para su colegio. Al llegar, la directora Rubí Mendoza Pérez, le impidió ingresar. Luego la condujo a las oficinas administrativas y le informó que la buscaba una mujer. Ahí le contó que hace ocho años fue sustraída de Houston una niña de nombre Alondra y que una mujer afirmaba que ella era la menor, su hija.

 “Me avisan que llegaron una personas por mí. ‘¿Qué hiciste?’, me preguntaron. ‘Nada’, repondí. Ni siquiera me dejaron hacer una materia, me metieron a una oficina y me dijeron ‘ahí estate’. Pasó una hora y la directora me pasa con una mujer que pensé era una sicóloga, me cuenta lo de Estados Unidos y yo me quedo así como ‘¿cuál señora? ¿Por qué dice que es mi mamá?’; me dice que me van a llevar a Michoacán y que me van a hacer una prueba de ADN, que me van a llevar con una jueza y que mi papá estaba de acuerdo. Me enseñaron fotos mías y de la niña desaparecida”, relata Alondra Luna para la revista COSAS México.

 Los agentes de la INTERPOL pretendían llevársela sin avisarle a sus padres, pero la directora lo impidió y llamó a Gustavo Luna para contarle lo que estaba pasando. Rubí Mendoza Pérez logró que el agente de la INTERPOL firmara un documento frente a Gustavo Luna de que sacarían del plantel a la adolescente. 

 Alondra Luna y su papá fueron escoltados por seis agentes 

adscritos a la Dirección General de Asuntos Policiales Internacionales e INTERPOL de la Procuraduría General de la República. Recorrieron más de 120 kilómetros, un trayecto de casi dos horas entre Guanajuato y Michoacán.

Antes del Juicio de Restitución Internacional, la juez Cinthia Elodia Mercado, ya tenía predispuesta la decisión y dio por hecho que la mujer que reclamaba como su hija a la adolescente era su madre.

 “Me levantaba la voz (la juez), me decía que Dorotea era mi mamá, que tenía un acta de nacimiento mía. Además, me dijo que esa cicatriz era parecida a la de la niña desaparecida”, cuenta Alondra mientras se toca con su dedo índice el espacio en medio de las cejas.

Ese jueves trasladaron a Alondra Luna a una Casa Hogar en Morelia, a dos horas del juzgado donde continuaron las arbitrariedades contra la menor.

Disputa legal

Gustavo Luna emigró al país anglosajón en 2001 con el objetivo de ganar más dinero para la rehabilitación y terapias que requería su hija Alondra Luna por una discapacidad en el lado derecho del cuerpo, una pequeñita que nació el 10 de agosto de 2000.

En Houston, su hermana Guadalupe Luna y su cuñado Javier Díaz, así como el hermano de este último, Reynaldo Díaz, lo ayudaron a pagar al “pollero”. Gustavo y Reynaldo coincidirían en un par de ocasiones en la casa de Guadalupe y Javier.

Unos años antes, Reynaldo Díaz originario de Michoacán, había cruzado también la frontera y se estableció en Houston. Ahí conoció a Dorotea García que venía del estado de Guerrero. Juntos formaron un hogar y en 2002 tuvieron a su hija Alondra Díaz. El 1 de junio de 2007, Alondra Díaz –entonces de 4 años– fue sustraída ilegalmente por su papá Reynaldo Díaz, presuntamente para proteger a la niña de los malos tratos que recibía de su mamá Dorotea García. Ahí comenzó la búsqueda de menor.

A partir de sus propias pericias, la señora Dorotea García encontró el perfil de Facebook de Alondra Luna y pensó ver en este el rostro de su hija perdida. La esperanza se acrecentó por la coincidencia del nombre y una cicatriz. Con esas “pruebas” llegó hasta la ciudad de Guanajuato. 

Entonces, se inició el juicio de restitución internacional de menor en Michoacán. La juez le informó a Gustavo Luna que el 16 de abril a las 12 horas se realizaría una audiencia, que juntara los papeles de Alondra Luna. Ahí lo separaron de su hija y la llevaron a la Casa Hogar para Niñas “Gertrudis Bocanegra” del DIF de Morelia.

“La audiencia fue entre Dorotea (García), gente de (la Secretaría de) Relaciones Exteriores, Ministerio Público, el DIF, la juez y nosotros. Allí, sin avisarnos, interrogaron a mi hija, hasta que la juez leyó la resolución”, narra Gustavo Luna.

El escenario se complicaba, al juzgado comenzaron a llegar patrullas de la Policía Federal, los papás de Alondra –por el despliegue de elementos– vaticinaban lo peor. Alondra Luna recuerda que el primer día la juez fue amable con ella, pero el día de la audiencia cambió. La interrogó en una sala contigua sin la presencia de sus padres, le cuestionaba cómo se había hecho la cicatriz en la frente. Hasta que llegó la resolución de la juez, quien falló a favor de Dorotea García. Los padres de Alondra Luna rechazaron firmar y solicitaron una prueba genética de ADN, pero la juez se negó.

La mamá de Alondra Luna gritó “no se van a llevar a mi hija”.

Viaje redondo

“Escuché el ‘escándalo’ en la sala contigua y supe que la juez había dado el resultado equivocado. Mi mamá ingresó hasta donde estaba custodiada por una secretaria y una sicóloga y me explicó qué había pasado”.

Mamá e hija se abrazaron, se aferraron la una a la otra, hasta que una policía federal sometió a Susana, doblándole los brazos y otra persona tomó del brazo a Alondra.

Todavía con su uniforme escolar forcejeó, pataleó y gritó cuando dos policías las sacaban de juzgado. Tardaron 15 minutos en poder llevarla de la sala a la calle. A rastras la llevaron hasta una patrulla. Intentaron que viajaran Dorotea y Alondra Luna en la misma patrulla, pero la menor seguía gritando. Ni en su peor pesadilla la llevarían a Houston. Eso creía ella, pero la realidad es que los federales las dejaron en el Aeropuerto Internacional General Francisco J. Mujica y como no había vuelos, contrataron un taxi para que las trasladaran al Aeropuerto de la Ciudad de México, es decir, más de 280 kilómetros en un recorrido de cuatro horas y media. 

En ese viaje, Alondra Luna le pidió a Dorotea que se realizara una prueba de ADN porque de otra forma ella no estaría tranquila con la decisión de la juez. “Si resultas mi hija, ¿me podrías querer?”, preguntó la mujer. Alondra Luna le respondió “sí, pero dame tiempo, y ¿si no eres mi mamá me vas a regresar?”. Le contestó “sí, te lo juro”.

 El 18 de abril, la joven se hizo la prueba de ADN de saliva. Dorotea García pagó para que aceleraran los resultados porque tardaban entre 5 y 10 días y además recibió una llamada de que tenían que llegar a Estados Unidos.

 Llegaron al aeropuerto, pero no había vuelos, entonces Dorotea decidió que no podían estar más tiempo en el Distrito Federal y llevó a Alondra a la Central Camionera del Norte para tomar un autobús rumbo a Laredo. En el trayecto la sentaron junto a Sara, su supuesta hermana que había conocido horas antes. “Al principio Sara me hacía la plática, fue muy cariñosa, me decía que Estados Unidos era muy bonito, pero después se puso muy cortante. Llegamos a Laredo, ahí tomamos un taxi que nos dejó en la frontera. Dorotea García enseñó un documento y sin problemas pasamos a Estados Unidos”.

Ya del lado americano llegaron a casa de una prima de Dorotea. Ahí permanecieron tres días, fue cuando llevaron a Alondra a conocer a sus “nuevos” familiares.

 En ocasiones le enseñaban fotografías de Alondra Díaz para intentar removerle algún recuerdo que no existía. Hasta le mostraron una foto de Alondra Díaz con tacones cuando la realidad es que Alondra Luna no puede usarlos por su discapacidad congénita. 

 “El martes por la noche (21 de abril en la casa de Dorotea) su familia me pidió disculpas porque yo no era la hija de Dorotea”, cuenta Alondra. Poco antes funcionarios del consulado le habían avisado que la prueba de ADN había salido negativa. Dorotea  pidió disculpas a la joven, quien guardó silencio, recibió el abrazo y salió de la casa.

 “Fue una pesadilla horrible. Si no fuera por esa prueba de ADN todavía estaría allá”, afirma Alondra Luna, cuya vida nunca volverá a ser la misma. De no ser por su resistencia otro habría sido su destino. Hoy está otra vez con sus padres. 

Pero increíblemente la historia de las dos Alondras cambió el lunes 11 de mayo, cuando Juan y Gloria Alcaraz, tíos paternos de Alondra Díaz, la entregaron al Juzgado Primero Civil del municipio de Los Reyes para reunirla con su madre Dorotea García en Houston. 

Después de la audiencia de restitución, la menor sustraída por su padre hace ocho años , será llevada a Guadalajara, Jalisco. El juzgado notificará a Dorotea García para que sea repatriada a los Estados Unidos, lo que a estas alturas  parece una negligencia imperdonable. Ambas muchachas han sufrido más de lo que ningún juez  puede remendar.  //@RevistaCosasMX