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Ya no estoy aquí, una película de identidad

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Por Héctor Meza

Desde un lugar en la ciudad que nunca duerme (NY, E.U.), yace un joven con un estilo poco usual, con su reproductor MP3 escuchando música y añorando ver el recuerdo de su familia, país e identidad cultural como lo es la “Kolombia regia”.

Es, sí acaso ese rasgo de identidad que destaca la película “Ya no estoy aquí”, ese paso por la añoranza de convivir con su gente, idioma, música y ver las injusticias que se viven en otro país al término de una salida forzada.

Lo que trae las palabras del novelista estadounidense Jack Kerouac “Nuestras maletas maltrechas estaban apiladas en la acera nuevamente; teníamos mucho por recorrer. Pero no importa, el camino es la vida”, que reflejan la certeza del fenómeno migratorio.

La cinta revive claros momentos de frustración, miedo y una constante lucha contra la identidad que vive en cada migrante añadiendo importancia a la cultura urbana que imperó en los barrios bajos de Monterrey, Nuevo León desde finales de los sesenta con una mezcla de estilos chicano, hip hop, católica y cholo colombianos.

Entre desesperación, supervivencia y búsqueda de la libre expresión musical , es como su protagonista, Ulises un regio de clase baja rompe los clásicos estereotipos del cine mexicano comercial en una plataforma streaming, encarando la otra cara de la realidad, el México apegado a la violencia y narcotráfico que nadie puede ocultar.

Problemas que han formado el paradigma de cómo resolver el fenómeno migratorio a lo largo de los años, sin tener que cerrar fronteras, ni rechazar y discriminar de forma racial a cualquier humano.

Aunado a esto, el simple hecho de abordar una contra cultura, en cualquier país, es la lucha constante por resaltar la identidad de un
grupo o un movimiento que se asfixia ante las tendencias de lo políticamente correcto.

El único problema, quizá podría ser el drástico cambio en los espacios de tiempo que pudiera llegar a confundir a cualquiera con algunas escenas prolongadas en lo rutinario.

La conclusión de esta cinta, podría ser la frase de un grande de las cumbias como lo fue Celso Piña, quien sobre la difusión de su
música dijo: “se necesitan dos cosas: el corazón para transmitir el sentimiento y el `feeling´de la música y el cerebro para poder hacerla”.

Con ello se traspasa cualquier idioma y la identidad predominará siempre en el ser defendiendo su identidad y su propio ritmo.

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