Restricción en el uso de celulares en las aulas

¿La solución está en alejar a los estudiantes de la tecnología o en enseñarles a relacionarse responsablemente con ella?

Por Ximena García*

Una nueva etapa para las aulas mexicanas

México se encamina hacia una nueva etapa en la relación entre tecnología y educación. A partir de noviembre de 2026, las escuelas de educación básica deberán restringir el uso personal de celulares y otros dispositivos electrónicos durante la jornada escolar, como parte de una política que busca recuperar la atención de los estudiantes y fortalecer la convivencia dentro de las aulas.

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De acuerdo con los resultados de PISA 2025 de la OCDE, el 37% de los estudiantes en México reportó que sus compañeros suelen distraerse por el uso de dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de ciencias. Este dato pone sobre la mesa una realidad que muchas escuelas llevan años enfrentando: la tecnología puede ser una herramienta extraordinaria para aprender, pero también puede convertirse en una fuente permanente de interrupciones.

Diez años con los teléfonos fuera del salón

En la institución que dirijo, esta discusión dejó de ser nueva hace una década. Desde entonces, los alumnos de primaria, secundaria y preparatoria dejan sus teléfonos en una caja al ingresar a la escuela. No fue una decisión tomada por moda ni por temor a la tecnología, sino tras observar cómo un dispositivo diseñado para conectar podía convertirse, dentro del salón de clases, en un motivo constante de distracción. Además, consideramos que es primordial dominar ciertas habilidades antes de aprender en dispositivos.

Con el tiempo, incluso nos encontramos con nuevas formas de mantener esa conexión. Algunos estudiantes comenzaron a utilizar relojes inteligentes para comunicarse y, en ocasiones, eran los propios padres quienes llamaban a sus hijos durante las clases. La respuesta fue ampliar la medida: los relojes inteligentes también quedaron fuera del aula.

El problema no es la tecnología, sino la falta de límites

La experiencia nos ha dejado una conclusión que considero relevante ante el debate actual: el problema no es la tecnología en sí misma, sino la ausencia de límites claros sobre cuándo y para qué utilizarla.

Un celular puede ser una herramienta educativa extraordinaria, pero también puede competir por la atención de un niño o adolescente durante una clase. Y en educación, la atención no es un recurso menor: es una condición para aprender.

Por eso, más que plantear la discusión como una batalla entre tecnología y educación, habría que preguntarnos qué tipo de relación queremos que las nuevas generaciones tengan con sus dispositivos.

Los padres, un actor clave en la conversación

Y en esta conversación hay un actor que no podemos dejar fuera: los padres. A veces son ellos mismos quienes argumentan que necesitan estar en contacto permanente con sus hijos y que, por seguridad, deben poder localizarlos en cualquier momento. Es una preocupación legítima y comprensible. Sin embargo, vale la pena hacernos una pregunta: ¿qué mejor entorno para que un niño o un adolescente esté durante unas horas que una escuela, un espacio diseñado precisamente para cuidarlo mientras aprende?

La escuela también enseña a convivir

La escuela no es solamente el lugar donde se enseñan matemáticas, ciencias o idiomas. También es uno de los espacios donde los estudiantes aprenden a relacionarse con los demás, a resolver conflictos, a escuchar, a esperar, a tomar decisiones y, poco a poco, a construir su autonomía.

Si durante una clase un alumno recibe mensajes de sus padres, revisa constantemente su teléfono o responde una llamada, no solamente estamos interrumpiendo una actividad académica. También estamos transmitiendo la idea de que debemos estar disponibles todo el tiempo y que cualquier notificación merece nuestra atención inmediata.

La desconexión como herramienta educativa

Después de diez años de aplicar esta medida, la experiencia nos ha enseñado que la desconexión temporal también puede ser una herramienta educativa. Los alumnos pueden pasar unas horas sin el teléfono, sabiendo que ante una emergencia existen canales institucionales para comunicarse con sus familias.

Esto no significa educar a los estudiantes de espaldas a la tecnología. Al contrario: significa enseñarles a utilizarla con criterio. Porque parte de la alfabetización digital también debería consistir en saber cuándo conectarse y cuándo desconectarse; cuándo una herramienta ayuda al aprendizaje y cuándo comienza a convertirse en una distracción.

El verdadero reto: elegir cuándo no estar conectados

Quizá el verdadero reto no sea decidir si los celulares deben estar dentro o fuera del aula. El reto es mucho más profundo: enseñar a una generación que ha crecido conectada a entender que tener acceso a la tecnología no significa utilizarla permanentemente.

La escuela puede ser, precisamente, uno de los primeros espacios donde aprendan algo que será cada vez más valioso: que también podemos elegir cuándo no estar conectados.

*Ximena García es educadora con más de 30 años de experiencia en el sector educativo. Actualmente se desempeña como directora de Kent International Academy. A lo largo de su trayectoria ha ejercido como docente desde el nivel maternal hasta preparatoria, además de ocupar diversos cargos directivos, lo que le ha permitido desarrollar sólidas competencias en gestión y liderazgo educativo.

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