El viaje empieza mucho antes de sentarse a la mesa

Hay ciudades que se conocen a través de sus restaurantes y otras que exigen algo más: caminar sus calles, entender sus ritmos, mirar lo que sucede alrededor de la mesa. Guadalajara pertenece a esa segunda categoría.

Su identidad está en sus barrios, sus mercados, sus tradiciones y, por supuesto, en una escena gastronómica que en los últimos años ha ganado una atención que difícilmente pasa desapercibida. Pero también está en aquello que sucede entre una experiencia y otra, cuando el itinerario deja de ser una lista de reservaciones y empieza a sentirse como un viaje.

En Grand Fiesta Americana Guadalajara Country Club, ubicado en Providencia, tuvimos una estancia que terminó llevándonos por distintos lados de la ciudad. El hotel fue nuestra base, pero también el punto desde el que fuimos sumando experiencias que no necesariamente estaban en el plan original.

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Una degustación de tacos acompañada de tequila Cazcanes nos llevó a un territorio profundamente mexicano. Y, personalmente, me gustó que la experiencia no buscara complicar algo que funciona precisamente por su sencillez. Un buen taco, una buena copa y una mesa alrededor de la cual conversar siguen siendo una de las mejores maneras de acercarse a México.

Después llegó Zapopan. A pocos kilómetros de Guadalajara, tiene una personalidad propia. La Basílica de Nuestra Señora de Zapopan domina el paisaje y alrededor de ella conviven tradición religiosa, comercio, arquitectura y vida cotidiana.

Caminar por la zona fue una de esas experiencias que ayudan a entender que Jalisco es mucho más que su escena gastronómica.

La relación con la Virgen de Zapopan atraviesa buena parte de esa historia. Cada 12 de octubre, la Romería reúne a millones de personas en una celebración que recorre las calles y convierte la ciudad en un enorme espacio de encuentro. La tradición fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y sigue siendo una parte viva de la identidad local.

Y también hubo espacio para sentarse a una mesa muy distinta. Erizo de Mar al Desnudo, la propuesta del chef Freddy Monteros, Best New Chef 2026 de Food & Wine, fue otra de las experiencias que formaron parte de la visita y una razón más para mirar Guadalajara desde la gastronomía.

En ese recorrido conocimos también Fiesta Americana Travelty Exclusive Experiences, una propuesta que reúne experiencias de gastronomía, cultura, entretenimiento y bienestar alrededor de sus hoteles y destinos.

Durante la estancia entendí la idea de una manera bastante sencilla: tener la posibilidad de descubrir algo que quizá no habías contemplado cuando armaste el viaje.

Y eso, para mí, es parte de lo que hace interesante viajar. No todo tiene que estar perfectamente planeado. A veces basta con dejar espacio para que aparezcan otras cosas: un sabor, un lugar, una tradición o una ciudad que se revela desde otra perspectiva.

Al final, son esos momentos los que terminan dándole personalidad al viaje. Y quizá por eso el lugar donde nos hospedamos también terminó siendo parte de la historia.

Grand Fiesta Americana Guadalajara Country Club fue nuestra base durante la visita y un punto desde el que pudimos acercarnos a distintas experiencias de Guadalajara y sus alrededores.

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