Aunque el maratón Guadalupe – Reyes debería terminar el 6 de enero, la realidad es que se extienda hasta el 2 de febrero, día en donde los “padrinos” del niño Dios invitan a todos los que partieron la Rosca de Reyes un tamal, pero, ¿cómo fue que nació esta tradición?.

 

Muchos aseguran que el Día de la Candelaria es una tradición católica pero no es así, la festividad tal cual conocemos es una mezcla de la evangelización con un ritual prehispánico. Yesenia Peña, antropóloga del Instituto de Antropología e Historia (INAH), aseguró que es la tercera festividad más celebrada en nuestro país, por debajo de Semana Santa y Navidad.

La investigadora mencionó que el 2 de febrero era el día de Atlcahualco o de “cese de las aguas”, en esa fecha se realizaban sacrificios humanos para solicitar a los dioses una buena selección de semillas y lluvias para los cultivos.  Durante el rito se colocaba una preparación a base de maíz en ollas, que al abultarse simbolizaban a una mujer embarazada,  misma que tenía que ser cocinada con el fuego vinculado a la fuerza paterna.

Todas las familias elaboraban estos tamales y debían ofrecer parte a el resto de las familias, simbolizando la prosperidad para los habitantes y el deseo de que entre ellos existiera una nueva vida.

Carmen Anzures, especialista del INAH indicó que esta connotación con el origen de la vida fue utilizado en la evangelización: "Esto lo aprovecharon muy probablemente los evangelizadores y sobre una base que guardaba relación con los niños, empalmaron el culto cristiano".


"Los sacerdotes llevaron la imagen del niño Jesús a los templos, y en la misa daban a conocer su significado. Al paso del tiempo, con el cambio de las generaciones, el recuerdo de aquellas ceremonias prehispánicas fue diluyéndose".

 

Después de la conquista, el Día de la Candelaria se relacionó con uno de los evangelios que menciona que la virgen María acudió al Templo de Jerusalén para recibir la purificación después del nacimiento de Jesús, es por eso que muchos tienen la creencia que el tamal representa repartir la gracia de Dios.